Jesús, paciente y silencioso, deja que nuestra alma sane y cicatrice. El cura nuestras heridas, disuelve nuestros recuerdos dolorosos y abre caminos de esperanza.
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Siempre me pareció ridículo este asunto de los remedios falsos, esos que parecen sanar pero en realidad no tienen poder curativo alguno, me refiero al tan conocido placebo. ¿Cuál es el sentido de semejante autoengaño? Aunque a veces son los propios (ver artículo)