En el impresionante lago alpino de Orta, en el norte de Italia, se encuentra la pequeña isla de San Julio, que en sus apenas 270 metros de largo y 140 de ancho alberga la Abadía benedictina Mater Ecclesiae. En este bello y tranquilo lugar vive ahora (ver artículo)
«Recuerdo que una vez te pedí salud para mi madre y Tú me escuchaste, Señor» —Luis.
La historia de tres valientes que tuvieron que hacer frente incluso a las fuerzas del infierno. Todo por amor a Dios y a la Virgen Santísima. #Video
Cuando uno cae en la garras del enemigo ni se da cuenta que está con el enemigo... Mi cuerpo le pertenecía al diablo y hoy pertenezco a Dios.
Akash, un joven de 18 años, era una de las personas encargadas de la seguridad en la entrada de la iglesia; con gran valor detuvo a los kamikazes.
Tras bautizarse, este joven de origen indio sintió una fuerte llamada a la vida religiosa. Estuvo en Francia con los monjes benedictinos.
Era una persona con muchísimos amigos, cuando le conocí —dice Rosa— vivía en Madrid. Y él se ha desvivido por sus amigos y familia.
A los tres años le abandona su madre y el peor recuerdo de su infancia es haber estado tres años en la cama de un hospital por culpa de los golpes que le dió su padre.
Esa cadenita con la Virgen yo se la robé y la vendí. Luego mi madre llegó con la cadena se postró y llorando me narró el porqué era tan importante esa medallita.
"Dios es testigo de que estoy profunda y sinceramente arrepentido. Pedir perdón es un acto de humildad, pues te reconoces radicalmente falible y responsable del mal causado a alguien".