Debemos reconocer lo distinto que son estos tiempos. Es hora de trabajar, de predicar, de expresar las convicciones, de enfrentar corrientes contrarias.
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La Iglesia está a favor de salvar a nuestros genios que aún no han nacido y lucha incansablemente por hacerlo.
Durante mucho tiempo se dijo -y se dice- que la Iglesia fue y es obsoleta, caduca, atrasada, fuera de época, y no sabe vivir al ritmo (ver artículo)