Meditaciones

Reina del Cielo

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Jesús, elevado en la Cruz, nos regaló una Madre para toda la eternidad. Juan, el Discípulo amado, nos representó a todos nosotros en ese momento y luego se llevó a María con él, para cuidarla por los años que restaron hasta su Asunción al Cielo. María (ver artículo)

El dolor es el arado

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¿Cuántas veces hemos escuchado la parábola de la semilla sembrada en distintos suelos? La hemos comprendido, y también tratamos de entender qué clase de suelo somos nosotros, si el camino, o el costado del camino, o las zarzas, o el campo fértil. (ver artículo)

El reencuentro

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Me dices Yo quiero. Te respondo no puedo. Me pides escúchame. Te digo ¿Quién eres? Me dejas a solas. Te reclamo ¿por qué me abandonas? Me miras en silencio. Yo miro al mundo. Me esperas. Te ignoro. Me buscas en mi desesperación. No se qué puedas (ver artículo)

Jesús, Único mediador. ¿Y Su Madre?

Resulta sumamente sorprendente ver como Dios desea que la Virgen avance entre nosotros en estos tiempos. Así Ella va haciéndose lugar a fuerza de advocaciones, apariciones, mensajes o lacrimaciones de sus imágenes. Donde María pone su pie, se mueven (ver artículo)

Aunque te niegue

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Ámame Señor aunque te niegue o aunque te llame con falsas dádivas ámame pese a mis insistentes caídas o los insignificantes ruegos desde mi alma. Espérame Señor en cada rincón de mi casa aunque se que no merezco Tus Palabras Tú espérame porque (ver artículo)

La cebolla

El Padre Pío solía decir que el camino de crecimiento espiritual es siempre hacia arriba, nunca detenerse, nunca retroceder. ¿Y cómo es éste camino? Se lo puede comparar con una cebolla: el camino consiste en ir sacando las capas de la cebolla, una (ver artículo)