En este mar apático se nada y se nada, buscando una isla donde aferrarse. Y esas islas aparecen, cuando cruzamos nuestro camino con alguien que ve a Dios en lo cotidiano.
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Con el paso de los años, he comprendido que Jesús me trazó este camino, no puedo ya ver mi vida sin advertir una Mano invisible que la guía. ¡Es que es tan extraña la vida!
Uno mira hacia atrás, y ve los cambios, éxitos y fracasos, y hay que (ver artículo)