“¿Lamento yo mi confesión? ¡No! Mi confesión de asesinato me salvó la vida, nunca me he sentido más libre que ahora. He reconocido mi pecado en Confesión sacramental y estoy haciendo penitencia. (ver artículo)
“¿Lamento yo mi confesión? ¡No! Mi confesión de asesinato me salvó la vida, nunca me he sentido más libre que ahora. He reconocido mi pecado en Confesión sacramental y estoy haciendo penitencia. (ver artículo)
Las madres siempre están desatando nudos en el hogar. María Santísima, la mejor de las madres, conoce muy bien los nudos que nos atan a pecados y a problemas que parecen no tener solución. Como la vemos en la pintura, ella desata nuestros nudos. Confiémoslo (ver artículo)
Milagro conocido
Hoy me postro en tu Presencia
en este recinto sagrado
donde me esperas, sin tiempo,
Oh Jesús Sacramentado.
Jamás queda igual mi alma
después de haberte adorado,
siempre se lleva una gracia
como lirio perfumado.
Y aunque (ver artículo)
Para todos los días del año
“Santa María Virgen, la que los siete nudos desata,
el Señor es contigo y contigo la humildad.
Madre de Dios tú, la Mediadora,
que jamás caíste, que jamás te enredaste,
no nos dejes caer en ninguna tentación
y (ver artículo)
Asistí a una charla que tenía por título “Dame tu corazón herido” y mientras escuchaba al sacerdote miré a un crucifijo y por primera vez supe por qué Jesús había muerto en aquella cruz (ver artículo)
Una de las oraciones más tradicionales que tenemos, en nuestra religión cristiana, es el reo del Rosario. Del rezo del mismo conocemos las muchas promesas que la Virgen nos hizo.
En esta ocasión, te invitamos a descubrir el poder de esta oración, (ver artículo)
En su última entrevista, P. Gabriele Amorth, dejó como testamento espiritual la siguiente frase “Con Cristo o con satanás”. No sirve decir: "Creo, pero no soy practicante’. (ver artículo)
Con estas manos / pido Señor / pido la fuerza, Señor / con estas manos / pido la fe, Señor / pedimos tu amor, Señor / pedimos por los perdidos, Señor.
Sor Lucía, hace 13 años que vive en el Convento de las Dominicas de Nashville (Tennessee, Estados Unidos).
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.