El Manto Sagrado de Argentina – Sabana Santa en Santiago del Estero

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En la ciudad de Santiago del Estero, al norte de la Argentina, se custodia desde hace siglos una copia muy especial del Santo Sudario, Manto Sagrado o Sábana Santa, cuyo original se expone en la ciudad de Turín, Italia.

¿Pero qué es la Sábana Santa?. Con los ojos de la fe y con abundantes evidencias científicas también (a pesar de cierta controversia humana que suele emerger de tiempo en tiempo), es el paño de tela que envolvió el Santo Cuerpo de Jesús Muerto en la Cruz y colocado en el Santo Sepulcro en la tarde del Viernes Santo. De modo Milagroso, y sin que la ciencia pueda explicar cómo ocurrió, se traspasó la Imagen del Señor a la pieza de Lino. A lo largo de los siglos, tan Sagrada Reliquia fue pasando de región en región, hasta fijar su residencia en Turín, donde se la venera como una fiel imagen del Dios Vivo, Jesucristo. Su Santidad Juan Pablo II ha visitado el lugar y expresado hermosas palabras al respecto. Se la suele denominar Manto Sagrado, Santo Sudario, Santo Manto, Santa Faz, Síndone o Sábana Santa de Turín. Nombraremos de manera indistinta con todos estos nombres a éste testimonio del Señor Muerto en la Cruz, ya que así se lo conoce en las diversas publicaciones en que se lo describe y analiza alrededor del mundo entero.

Luego de un incendio ocurrido en el año de 1532 en Francia (lugar donde por aquellas épocas se custodiaba la Síndone) se dañó tan Sagrado Tesoro al derramarse plata fundida sobre el mismo. Para resguardar la Sábana, se la colocó entre dos tejidos de lino del mismo tamaño, uno por arriba y otro por debajo. Grande fue la sorpresa cuando a los dos años se advirtió que la imagen del Señor había pasado milagrosamente del original a estos dos paños, que ahora eran Sagradas copias de la Sábana original.

Por decisión del Rey de España, una de las dos copias generadas milagrosamente luego del incendio de 1532 fue enviada a la por entonces naciente comunidad cristiana de Sud América, a finales del siglo XVI. Una de las primeras ciudades fundadas en la región, Santiago del Estero, fue la beneficiaria de tan alto honor. Y allí está todavía éste vívido reflejo de la Imagen de Nuestro Señor Jesucristo, expuesto en el Convento Dominico de la ciudad de Santiago.

Un colaborador de este sitio viajó a Santiago del Estero con su familia, y nos entrega el testimonio de lo vivido ante la Presencia de la Imagen del Cuerpo Verdadero de Nuestro Señor

A través de tan grandiosas maravillas, Dios nos ha regalado con el privilegio de poder ver cómo es Su Santa Faz. Y a los que vivimos en el extremo sur de América, nos llena de Gracias al concedernos el tener entre nosotros una copia original de Su Imagen. Recordemos que por el modo en que se originó, ésta Santa Copia tiene impregnada la Santa Sangre y el Sudor del Redentor, como testimonio directo de aquel Doloroso Viernes Santo.

Jesús, mi Señor, déjame ver Tu Rostro en Tu Santo Sudario. Déjame ver Tus Heridas, Tus Llagas, Tu Santa Sangre. Dame la Gracia de poder navegar en el Mar de Tu Infinita Misericordia, cuando suspendido en la Cruz, dejaste brotar un torrente de Sangre y Agua de Tu Costado. Y déjame también estar junto a Tu Madre en el Sepulcro, cuando Tu Cuerpo fue regado con las Lágrimas de Mi Santa Madre también. Veo en Tu Rostro la Esperanza de la Resurrección, y sólo eso me da fuerzas para seguir contemplando Tu Santa Faz.

Santiago del Estero

República Argentina, extremo sur de América. Al norte del país se ubica una ciudad llamada Santiago del Estero. Debido a que la colonización del país se hizo por tierra desde el océano pacífico, bajando en carretas y mulas desde el virreinato del Perú, en esta zona se encuentran las ciudades más antiguas del país, siendo Santiago del Estero la primer ciudad fundada en territorio argentino. El acceso al océano Atlántico estaba destinado a florecer con posterioridad, bajo el influjo del contrabando ingles. Buenos Aires nació años después junto al Río de la Plata, en el limite este del centro del país, como puerto y centro del comercio con Europa
Vivo en Buenos Aires y con mi familia me dirigía a la ciudad de Salta, más al norte y al oeste aún que Santiago del Estero. Fue entonces que recordé algo escuchado varios años atrás: en Santiago se encontraba una copia del Santo Sudario, original, un tesoro del que no había más que otro ejemplar en el mundo entero. Cuando el recuerdo vino a mi memoria, disparé de inmediato una consulta a mis amigos, por correo electrónico. ¿Alguien sabía si esto era verdad, y de ser así, donde encontraría tal tesoro?. Rápidamente vino la respuesta: es verdad, y se la puede encontrar en el convento Dominico cercano al centro de la ciudad. Con el ánimo puesto en encontrar al Señor tierra adentro de nuestro país, partimos ruta al norte.

Un poco de historia sobre el Santo Sudario

Antes de seguir con el relato de nuestro viaje, déjenme contarles un poco de lo que descubrí con posterioridad, investigando sobre las maravillas que Dios había puesto en nuestro camino. Sabemos que cuando nuestro Señor Jesús fue bajado de la Cruz y llevado al Sepulcro nuevo que había preparado José de Arimatea (ubicado muy cerca del Monte Gólgota), las santas mujeres limpiaron el Cuerpo del Señor y lo envolvieron en una Sábana, de acuerdo a la costumbre del pueblo Judío. En realidad debieron realizar ésta dolorosa tarea con gran apuro, porque el sol de aquel Viernes Santo descendía dando paso al sábado. Había que cerrar el sepulcro antes que se inicie el shabath.
La larga Sábana cubrió el Cuerpo de Nuestro Señor por delante y por detrás, y es la misma que fue encontrada dentro del Sepulcro vacío el Domingo de Pascua de Resurrección por la mañana temprano. La pieza de fino tejido estaba perfectamente doblada sobre la piedra donde el Viernes se había colocado el Cuerpo del Redentor, como consta en los Evangelios.

 

¿Qué es el Manto de Turín?

El Santo Manto o Sábana Santa, que una sólida y sustentada tradición señala como la Sábana o el Manto que envolvió el cuerpo del Señor Jesús, es una fina pieza de lino de 3 pies y 7 pulgadas de ancho y 14 pies y tres pulgadas de largo (exactamente 8 por 2 cubits, la antigua medida usada en Israel). El Manto lleva la imagen detallada del frente y la espalda de un Hombre que fue crucificado de manera idéntica a Jesús de Nazaret según describen las Escrituras. Además de la imagen humana impresa en la tela, dos líneas oscuras paralelas con algunos triángulos blancos son la evidencia de los daños provocados por un incendio que sufrió el Manto en 1532.

Con el correr de los siglos, durante los juveniles primeros siglos de la Santa Iglesia, se empezó a hablar de la existencia de una pieza de fino tejido en la que milagrosamente se había estampado la figura del Cristo Muerto en la Cruz. Partiendo de Palestina, y en base a la tradición y los relatos de los Cruzados, es posible seguir el curso de la Sábana Santa o del Santo Sudario hasta llegar a Turín, donde se la custodia y expone en la actualidad. Sin embargo, es desde la Edad Media en que más información se posee sobre su derrotero, particularmente desde que llegó a Francia en propiedad de la familia Charny durante el siglo XIV, probablemente suministrada por los caballeros de la orden de los Templarios. En la noche del 3 de diciembre del año de 1532 se produce un incendio en Chambery, pueblo donde se custodiaba el Sudario, que dañó severamente la caja de madera revestida en plata donde estaba guardado, doblado en ocho pliegos. La plata fundida goteó, penetró y destruyó un ángulo del tejido, afectando el mismo punto en todos los pliegos en que estaba doblado el Manto Sagrado. Para preservar tal tesoro de semejante accidente, se lo colocó entre dos paños de tejido de tamaño similar, uno por delante y otro por detrás. Después de dos años se decidió encomendar a las hermanas clarisas el zurcido del tejido, con gran cuidado y devoción. Grande fue la sorpresa al advertir que los dos paños que se habían utilizado para proteger el Santo Sudario habían recibido la impresión, por medios milagrosos, del mismo Cristo Muerto en la Cruz que se podía ver en el original. ¡Ahora había tres versiones del Santo Sudario!.

¡Sangre del Señor!

Las marcas de la Santa Sangre del Señor se habían traspasado desde el original a los dos paños que ahora eran copias, pero también se impregnaron de restos de Santa Piel y Sudor, junto a tierra de Palestina, polen y otros testimonios que en la actualidad son objeto de estudio de los científicos que investigan tan Sagrada Reliquia. El mismo Jesucristo que está presente en el Manto Sagrado quedó replicado en las dos copias que la Misericordia de Dios quiso poner en manos de los hombres. Las dos réplicas acompañaron al original, que debió ser desplazado durante guerras que asolaron la región, para evitar ser dañado. El Papa dispuso finalmente que el Santo Sudario quedara en Turín, que una de las dos copias se le diera a Francia por haberlo custodiado durante más de dos siglos y que la otra fuera a España. Sin embargo, a fines del Siglo XVI, el Rey Felipe II decidió enviar la réplica que tenía en España al Nuevo Mundo, con la finalidad de contribuir a la creciente evangelización que se llevaba a cabo en suelo americano. El Rey eligió como destino de la segunda copia a la naciente ciudad de Santiago del Estero, por ser la más antigua de las ciudades fundadas en la región sur de América. La reliquia estuvo desde entonces bajo la protección de los Jesuitas; se considera que fueron ellos los que la trajeron, hasta que fueron expulsados de América en el Siglo XVIII. El año 1585 indicaría el momento de llegada de tan sagrado objeto a la ciudad del norte argentino, siendo que en el inventario de los bienes de la Orden de los Jesuitas, realizado en 1767, la copia de la Sábana Santa figuraba como pertenencia. A partir de la expulsión que los hijos de San Ignacio de Loyola sufrieron en la América hispánica, la Orden de los Dominicos tiene su custodia, como ocurre en la actualidad en que la copia americana del Santo Sudario está expuesta en el Convento Dominico de la Ciudad de Santiago del Estero.

Juan Pablo II y la Sábana Santa

En 1998 una delegación científica que acudió a Turín para participar en el III Congreso Internacional de Estudios sobre el Santo Sudario, afirmó que existe un consenso casi total entre los científicos en que la Sábana Santa realmente envolvió el cuerpo de Cristo Crucificado, afirmando que “en cuanto a la autenticidad de la Santa Sábana, corresponde destacar que no fue el principal tema tratado, ya que había unanimidad en que realmente se trata del lienzo que envolvió el cuerpo de Jesús de Nazaret”.

Además, el Papa Juan Pablo II señaló en su visita a Turín en 1998 que “confía a los científicos la tarea de investigar para llegar a respuestas adecuadas a los interrogantes ligados a este lienzo que, según la tradición, cubrió el cuerpo de nuestro Redentor cuando fue descendido de la Cruz”. El Santo Padre destacó que “lo que realmente cuenta para los creyentes es que la Sábana Santa es espejo del Evangelio”, y ante tal convergencia, “todo hombre sensible se siente interiormente tocado y conmovido al contemplarlo”. El Papa señaló que el hombre crucificado de la Sábana es “imagen del sufrimiento humano” que “recuerda al hombre moderno, con frecuencia distraído por el bienestar y por las conquistas tecnológicas, el drama de tantos hermanos y lo invita a interrogarse sobre el misterio del dolor para profundizar en sus causas”.

El Santo Sudario y María Valtorta

Jesús le muestra en visiones a la italiana María Valtorta Su Vida en la Palestina de hace 2000 años, que son recogidos en el libro Poema del Hombre-Dios, al que nos referimos en este sitio en varias publicaciones. Jesús le realiza un comentario a María Valtorta referido al Santo Sudario, que deseamos reproducir como testimonio de la Palabra del propio Dios al respecto:

“Sus científicos como prueba ante su incredulidad delante de la evidencia de Mi sufrimiento, que es el Sudario, explican cómo la sangre, el sudor cadavérico y la úrea de un cuerpo, fatigado en extremo, al mezclarse con las esencias aromáticas, pueden haber producido ese dibujo natural de Mi Cuerpo muerto y torturado. Sería mejor creer sin necesitar tantas pruebas. Sería mejor decir: “Esto es obra de Dios” y bendecir a Dios, quien les ha concedido una prueba indisputable de Mi Crucifixión y de las torturas que la precedieron!”. (Jesús a María Valtorta, ‘Poema del Hombre-Dios’)

 

Nuevamente en la ruta

Desde Buenos Aires y en dirección a Santiago del Estero se recorre una parte importante de la fértil pampa húmeda argentina: una verde e interminable llanura salpicada de pueblos fundados por inmigrantes. Italianos, españoles, judíos, suizos y alemanes, los poblados van quedando al costado de la ruta junto a algunas ciudades importantes que adornaron también nuestro viaje. A medida que nos acercamos a destino, el terreno se hace más seco y el clima más caluroso. Santiago se encuentra en medio de una región bastante inhóspita, donde sólo aparece el verde de los plantíos cuando algún río permite el riego artificial de la tierra. La ciudad fue fundada junto al río Dulce, como remanso frente al cruce de una zona que sin dudas planteaba dificultades de supervivencia a los colonizadores. Llegamos a destino al atardecer, en el día en que se festejaba un nuevo aniversario de la fundación de la ciudad. Pudimos ver rápidamente que en el lugar se respira un clima profundamente católico, no sólo por las múltiples iglesias que se ven aquí y allá, sino también por los carteles y mensajes escritos en las paredes. ¡Jesús te ama!, y otras alabanzas al Señor se podían ver en nuestra primer recorrida de las calles santiagueñas. Recorrimos la hermosa catedral y nos preparamos para visitar el Convento Dominico, ubicado a apenas cuatro cuadras de la plaza principal de la ciudad.

El encuentro con el Señor

Con nervios y una extraña sensación en el pecho, llegamos a la casa del Señor. Una iglesia que tiene más de trescientos años desde su fundación, con hermosas imágenes y testimonios de las raíces hispánicas de la Argentina. Al fondo, hacia la derecha del Altar, en una pequeña capilla se encuentra expuesto el Santo Sudario Santiagueño. Cuando ingresamos y estuvimos frente a El, caímos todos de rodillas: ¡Es el Señor!. Se lo ve claramente retratado en el fino tejido. Una mezcla de emociones recorre el corazón en esos momentos. Por una parte, el anonadamiento del alma al encontrarse frente a un objeto terrenal que estuvo en contacto con el mismo Cuerpo de Cristo Muerto en la Cruz. La copia no es un dibujo o un retrato artístico del original, sino que por intervención milagrosa del Señor fue replicada al estar en contacto con el Manto Sagrado original. Estamos en presencia de una pieza de tela que tocó el testimonio directo del Cuerpo de Cristo Muerto en la Cruz. El alma contempla y siente el inmenso dolor de saber que fuimos nosotros, los hombres, los que matamos al Hijo de Dios. Confieso que sentí vivo al Señor en la Sábana, a pesar de que es el retrato del momento en que El estaba Muerto. Es difícil de explicarlo, simplemente, ¡El está allí!. Tampoco pude dejar de pensar que ese Hombre que tenía delante era el mismo Niñito que nació en la Cueva en Belén, y fue sostenido por María y José. ¡Y ahora estaba allí, Muerto en la Cruz!. María, José, el Niñito Dios, todo giraba en mi cabeza al contemplar el Cuerpo y el Rostro del Señor. ¡Dios, mi Señor, sos el Dios Vivo y te tengo delante de mí, muerto por nosotros!

Contemplación, dolor e impotencia

Después de los primeros momentos, el alma empieza a querer mirar todo, a guardar en el corazón todo el recuerdo de la imagen de Jesús. Y yo veo lo que ve mi corazón, lo que siento cuando contemplo a Mi Cristo Amado. De inmediato empiezan a advertirse las muestras del inmenso dolor: cuantos latigazos te dieron Señor, son incontables. Los tientos del látigo romano envolvieron Tus Espaldas y Tus Hombros, Tu Cuello, dejando marcas por delante y por detrás. También veo que en la zona lumbar te han pegado unos golpes monstruosos, o con un palo o un trozo de metal, no lo sé, pero te han herido tremendamente. Pese a que las Santas Mujeres han limpiado Tu Santo Cuerpo, Señor, se advierten heridas que sangran en muchos lugares. Tu Pelo impregnado de Sangre, Tu Barba. Tu Frente llena de Heridas, Tu Nuca marcada también por las Espinas de la Corona. ¡Mi Rey, mi Verdadero Rey!. Tus Rodillas, Tus Muslos, Tus Brazos, no es posible ver un lugar de Tu Santo Cuerpo donde no existan Heridas. ¡Y Tus Santas Llagas Señor!. Como le revelaste a María Valtorta en su Poema del Hombre-Dios, los Clavos de Tus Manos están muy cerca de la Muñeca en una Mano, y en la Palma de la Mano, en la otra. Es que los soldados habían hecho mal los agujeros en el Madero, Señor, y te estiraron para poder clavar el segundo Clavo en la Muñeca también. No pudiendo hacerlo (¡cuánto sufriste cada vez que te estiraban!) pusieron el Clavo en la Palma de Tu Mano, Señor. Y tus pies, Señor. Sangre, Sangre, Sangre. Donde miro, veo Sangre de Mi Dios.

Y miro la Lanzada que te hizo el Centurión, Longinos, cuando ya habías muerto. Derramó mucha más Sangre que las otras Heridas, y Sangre más liquida. ¡Era Sangre y Agua, Señor!. Y eso me recuerda que ya estabas Muerto Señor, porque no lo puedo creer, te veo así, destrozado, y aún no puedo creer que hayas muerto. Me parece escuchar las burlas del pueblo, y el llanto de María, el abrazo de Juan. Y veo Tu Rostro. Tus Ojos cerrados, igualmente parecen mirarme. Sos vos, Jesús, cómo siempre te vimos, como siempre te imaginamos. A pesar de todo lo que te hicieron, seguís siendo el Hombre-Dios, el Verbo Encarnado. Y de repente, ¡recordé la Resurrección, Señor!. Espera, Señor, espera un poco María, Juan. El Señor ya vuelve, y vuelve Glorificado, el Salvador que venció a la muerte, El que es Vida Eterna, ya vuelve. Es sólo un momento, un breve momento. ¡María Magdalena!. Ve al Sepulcro, mira si no está el Señor Resucitado allí. No podemos esperar más, no podemos verlo así, hecho todo una única llaga. Pero El sigue allí, como diciéndonos: “ésta es la medida de Mi Amor por ustedes”.

Que lejos se siente el mundo en este lugar. Aquí está El, el Señor, Muerto en la Cruz, por nosotros. Y es Su Sangre la que está frente a mi, no es un retrato. ¡Es Su Sangre verdadera la que ven mis ojos!. Sus Ojos, cerrados, parecen mirarme y pedirme: ¡no te vayas!. ¡estoy tan solo aquí!. Y está solo, El, que dio la vida por nosotros, está solo. Ya no tiene Su Corona, solo quedan las Heridas sangrantes. Ya no tiene Su Manto Púrpura, la Sangre es Su único vestido. Pero es el mismo Mesías que nos vino a anunciar el Reino de Su Padre, que nos dio la llave para la Vida Eterna.

Tocamos el vidrio que cubre la Sábana Santa en Sus Manos, Sus Llagas, Su Costado abierto, y vamos a la Misa que en ese momento empezaba: el Cristo Eucaristía junto a Su Sangre Verdadera, juntos, a pocos metros uno del otro. El mismo Jesús, el mismo Cuerpo, la misma Sangre. La Sábana Santa es también Pan y Vino, es Cuerpo y Sangre de Jesús. Nos costó salir del lugar, es como traicionar al Señor, dejarlo solo allí. El alma queda marcada por la experiencia, el Espíritu Santo toca el corazón cuando se derrama la Presencia del Señor frente a nosotros.

Un pedido, un ruego, una súplica

No pasó mucha gente por el lugar durante la hora y media que estuvimos allí, ni tampoco cuando lo volvimos a visitar al Señor a la vuelta de nuestro viaje a Salta. No hay en el lugar nada que explique a los visitantes lo que ocurre allí, el Tesoro que se custodia. Ni un cartel, ni una placa, ni un folleto. Todo lo que les conté es producto de la investigación que hicimos con posterioridad. Considerando que nada tiene la Argentina tan valioso como la propia imagen del Señor Muerto en la Cruz, creo que es muy poca la importancia y difusión que le damos a esta Sagrada Reliquia en nuestro país. Muy poca gente sabe de todo esto que les estoy contando, tristemente. El lugar debiera ser un centro de peregrinación, y la Iglesia que custodia la Sábana un punto de Adoración Eucarística a nivel nacional e internacional. ¿Acaso otro país americano posee semejante Tesoro?. Debemos honrar la gracia que Dios nos concede al haber enviado Su propio Rostro y Cuerpo a nuestras tierras, tantos siglos atrás.
Pido, ruego, suplico a las almas enamoradas del Señor, a quienes quieran hacerlo sonreír, a quienes deseen consolarlo, a los que amen a Su Santa Madre que estaba virtualmente muriendo místicamente al pie de la Cruz, que tomen esta causa, que trabajen para que el Señor encuentre Su reconocimiento en nuestra tierra, con la debida Adoración a Su Santo Cuerpo y Su Santa Sangre, para que las multitudes conozcan y vean al Señor en la tierra santiagueña. ¿Quién tomará ésta bandera?. ¿Hay un alma que ame lo suficiente a Jesús, cómo para dar su tiempo y su vida en ésta causa, ayudando a difundir y promover la Presencia de Cristo, de Nuestro Señor Jesucristo, en Santiago del Estero?.

En el lugar no había flores a la vista, pero no fue así en realidad: cuando estábamos contemplando al Señor, pude ver como una nena de unos seis añitos que estaba esperando que empiece la Misa, le pidió permiso a su mamá y vino a la pequeña capillita donde está el Señor. Ella se arrodilló, rezó y después de tocar las Santas Llagas de su Dios, volvió con su mamá. Como verán, el Señor siempre sabe conseguirse sus flores. Esta pequeña flor es consuelo para el Cristo del Santo Sudario Santiagueño, ignorado por tantos de nosotros.

Oración final

Jesús, mi amado Hermano. Te vi Muerto hoy. Te vi hecho una sola Llaga. Te quise consolar, pero mi alma se sintió cubierta de la vergüenza de ser hombre, de ser uno de los que te llevaron a la Cruz, por mis pecados. Te quise tocar, pero vi que eras el mismo Dios, y cayendo de rodillas no me atreví a mirarte. Mi corazón se sintió anonadado por la inmensidad de Tu Divinidad. Pero Vos, Señor, me consolaste a mi. Te pusiste a mi lado, y me dijiste: te amo, nunca lo olvides. Y me tocaste, tocaste mi corazón para que pueda aceptar que a pesar de ser un pecador, tengo en Tu Infinita Misericordia el perdón de mis miserias. Hoy vi a mi Jesús, lo vi como nunca lo había visto. Era El, era El. Ahora mi alma reposa, porque Cristo, El Cristo, se ha manifestado ante mis ojos. Señor, gracias, gracias, gracias.
Amén.

 

Cronología del Manto Sagrado y sus dos copias

Existe abundante información sobre el derrotero del Manto Sagrado durante los siglos, a partir de la Ascensión del Señor. Particularmente durante los años recientes existen precisas referencias sobre su ubicación y también sobre los estudios científicos que se le realizaron.

Siglo I:
Los Evangelios relatan que el manto que envolvió a Jesús se encontraba plegado. El manto habría sido recogido y custodiado por los cristianos. Para los hebreos, el manto que había rodeado un cadáver era un objeto impuro que no podía ser expuesto.

Siglo II:
Existen registros de que en Edessa (actual Urfa – Turquía) existía una imagen de tela con el rostro de Jesús.

525 –
Durante la restauración de la Iglesia de Santa Sofía, de Edessa, se registra el descubrimiento de una imagen de Jesús llamada acheropita (no hecha por mano humana) llamada Mandylion (pañuelo). Numerosos testimonios la relacionan con el Sudario, sobre todo porque los puntos de coincidencia entre los rasgos de las copias del Mandylion –que fue profusamente reproducido- y la Sábana superan los 100.

944–
Los ejércitos bizantinos, en el curso de una campaña contra el sultanato árabe de Edessa, se apoderan del Mandylion y lo llevan solemnemente a Constantinopla el 16 de Agosto. El Mandylion era en realidad la Síndone plegada ocho veces de modo que se viera sólo el rostro.

1147
Luis VII, Rey de Francia, durante su visita a Constantinopla, venera la Síndone.

1171 –

Manuel I muestra a Amalrico, rey de los Latinos de Jerusalén, las reliquias de la Pasión, entre las cuales está la Sábana.

1204 –

Robert de Clary, cronista de la IV Cruzada, escribe que: “Todos los Viernes la Síndone es expuesta en Constantinopla […] pero ninguno sabe qué ha sido de la tela después que fuera saqueada la ciudad”. La Sábana desaparece de Constantinopla y es probable que el temor a las excomuniones que pesaban sobre los ladrones de reliquias, haya alentado su ocultamiento. Diversos historiadores suponen que la reliquia fue llevada a Europa y conservada durante un siglo y medio por los caballeros de la orden de los Templarios.

1314 –
Los Templarios, una orden caballeresca de Cruzados, es condenada y disuelta. Se les acusaba de realizar cultos secretos no cristianos. Uno de los líderes templarios era Geoffroy de Charny.

1356 –
Geoffroy de Charny, un cruzado homónimo del anterior, entrega el Sudario a los canónigos de Lirey, cerca de Troyes, en Francia. Geoffroy explicó que había poseído la reliquia durante tres años.

1389 –
Pierre d’Arcis, Obispo de Troyes, prohibe la exhibición de la Síndone.

1390 –
Clemente VII, antipapa de Avignon, se refiere a la Sábana Santa en dos cartas.

1453 –
Margarita de Charny, descendiente de Geoffroy, cede el Sudario a Ana de Lusignano, esposa del Duque Ludovico de Savoia, quien lo llevará a Chambéry.

1506 –
El Papa Julio II aprueba la Misa y el Oficio propio de la Síndone, permitiendo el culto público.

1532 –
Incendio en Chambéry en la noche del 3 al 4 de diciembre: La urna de madera revestida de plata que guarda el Sudario se quema en una esquina y algunas gotas de plata derretida atraviesa los diversos estratos plegados del lino. Se envuelve el Manto Sagrado entre dos paños de tela de tamaño similar, uno por delante y otro por detrás del original. Dos años después, las Clarisas coserán los parches actualmente visibles. En éste momento se advierte que los dos paños en que se envolvió el Santo Sudario se han transformado milagrosamente en copias perfectas del original.

1535 –
Por motivos bélicos, la Tela y sus dos copias son transferidas a Turín, luego a Vercelli, Milán, Niza y nuevamente a Vercelli; donde permanecen hasta 1561, cuando son regresadas a Chambéry.

1578 –
Emanuel Filiberto De Savoia el 14 de Setiembre transfiere la reliquia (y sus dos copias) a Turín para abreviarle el viaje a San Carlos Borromeo que quería venerar la reliquia para cumplir un voto. Desde entonces las exhibiciones se realizaron en ocasiones de celebraciones particulares de la Casa de Savoia o por Jubileos. Se estima que alrededor de ésta fecha es donada por el Papa una copia al Reino de Francia en agradecimiento por haber custodiado el Manto durante varios siglos, y la segunda copia al Rey de España.

1585 –
El Rey de España envía la copia del Santo Sudario a las colonias de Sud América, entregándola a los Jesuitas de la naciente ciudad de Santiago del Estero en el norte de Argentina, donde ha permanecido desde ése momento.

1694 –
El 1 de junio se coloca definitivamente en la Capilla del Arquitecto Guarino Guarini, anexa al Domo de Turín. Aquel mismo año el beato Sebastiano Valfré refuerza los bordes y los remiendos.

1706 –
En Junio, el Sudario es transferido a Génova a causa del asedio de Turín, al fin del cual es regresado a la ciudad.

1898 –
Es tomada la primera fotografía por el abogado Secondo Pia entre el 25 y el 28 Mayo. Con ella se inician los estudios médico-legales.

1931 –
Durante la exhibición por el matrimonio de Umberto de Savoia, la Síndone es fotografiada nuevamente por Giuseppe Enrie, fotógrafo profesional.

1933 –
Exhibición para conmemorar el XIX Centenario de la Redención.

1939/1946 –
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Síndone es oculta en el Santuario de Montevergine (Avellino) del 25 de Setiembre de 1939 al 28 de octubre de 1946

1969 –
Del 16 al 18 de Junio se produce un reconocimiento de la reliquia de parte de una comisión de estudio nombrada por el Cardenal Michele Pellegrino. Se realiza la primera fotografía a colores, tomada por Giovanni Battista Judica Cordiglia.

1973 –
Primera exhibición televisiva en directo (23 de Noviembre).

1978 –
Celebración del IV Centenario de la transferencia de la Síndone de Chambéry a Turín, con exhibición pública del 26 de Agosto al 8 de Octubre. Se realiza también el primer Congreso Internacional de Estudio. Los expertos de STURP (Shroud of Turin Research Project), efectúan la investigación de 120 horas.

1980 –
Durante la visita a Turín el 13 de Abril, el Papa Juan Pablo II venera la reliquia.

1983 –
El 18 de Marzo muere Umberto II de Savoia; donando la Síndone al Papa.

1988 –
El 21 de Abril se toman porciones de la reliquia para la cuestionada prueba del Carbono 14.

1992 –
El 7 de Setiembre un nuevo grupo de expertos efectúa un reconocimiento de la Sagrada Tela para ver la manera de mejorar su preservación.

1993 –
El 24 de febrero la Síndone se transfiere tras el altar mayor del Domo de Turín para permitir los trabajos de restauración de la capilla guariniana.

1995 –
El 5 de Setiembre el Cardenal Giovanni Saldarini anuncia las dos próximas exhibiciones, del 18 de Abril al 14 de Junio de 1998 (para celebrar el centenario de la primera fotografía) y del 29 de Abril al 11 de Junio del 2000 (con ocasión del Gran Jubileo de la Redención).

1997 –
En la noche entre el 11 y el 12 de Abril un incendio daña gravemente la capilla de la Síndone. El bombero Mario Trematore rompe la estructura de vidrio y salva la reliquia.

1998 –
El 18 de Abril se inicia una nueva exhibición en Turín.

La relación de la Sábana Santa con el Manto de Oviedo

Los rastros de sangre encontrados en la Sábana Santa conectan ésta reliquia con otros milagros. Las manchas de Sangre que se encuentran en la Síndone son irreproducibles por medios artificiales. Se trata de Sangre coagulada sobre la Piel de un Hombre Herido y vuelta a disolver en el contacto con tela húmeda. Científicamente se ha comprobado que se trata de Sangre Humana de Varón de grupo sanguíneo AB, el más común entre la raza semítica.

Sorprendentemente, la Sangre es del mismo tipo que el que se encuentra en el llamado Sudario de Oviedo (España), una tela de 83 x 52 cm que presenta numerosas manchas de Sangre simétricas pasadas de un lado al otro al doblarse en dos. La tradición le llama “el Sagrado Rostro” y llegó a Oviedo en el siglo IX, en un arca proveniente del Africa septentrional. La Sangre presente en este Sudario pertenece también al grupo AB y el DNA presenta perfiles genéticos similares al recogido en la Síndone. Es importante aclarar que suele confundirse ésta Reliquia con la Sábana Santo, llamándola el Manto Sagrado, pero lo real es que son dos Objetos Sagrados distintos. Uno se encuentra en Turín (la Sábana Santa) y el otro en Oviedo (el Sudario de Oviedo). La reliquia de Santiago del Estero, en Argentina, procede de la Sábana Santa de Turín, que envolvió totalmente el Santo Cuerpo de Cristo. El Sudario de Oviedo, en cambio, es una pieza de tejido de menor tamaño con la que se cubrió el rostro del Señor, únicamente.