Un príncipe que sirve a los pobres

Dominique de La Rochefoucauld-Montbel (ft img)

“Intentad dar de vosotros mismos. Si lográis llegar a un equilibrio entre dar y recibir, llevaréis vuestra vida a un nivel mucho más alto”, dice Dominique Príncipe de La Rochefoucauld-Montbel.

Dominique de La Rochefoucauld-Montbel es príncipe, miembro de una de las familias más antiguas de la nobleza francesa actual. Y es también el Gran Hospitalario de la Soberana Orden de Malta, la antigua orden religioso-militar fundada en 1084, durante las Cruzadas, por un grupo de mercaderes de Amalfi, para gestionar un hospital erigido junto al Santo Sepulcro de Jerusalén.

Hoy, fiel al espíritu de sus inicios, la Orden se ha convertido en una de las instituciones católicas de ayuda humanitaria más importantes del mundo entero. Y él, el actual superior, es un príncipe que sirve a los más pobres de la Tierra.

Nos lo explica él mismo

Históricamente, la Orden de los Caballeros del Hospital de San Juan de Jerusalén ha empleado desde sus inicios a una persona que dirigiera un hospital, un hospicio o alojamiento para peregrinos. Su trabajo era cuidar de los peregrinos y enfermos y ofrecerles hospitalidad.

Esta misma función se alinea perfectamente con la vocación principal de la Orden de Malta, que es ofrecer hospitalidad y compañía a los necesitados.

Esto no ha cambiado hasta ahora. Cada estructura local de la Orden por todo el mundo tiene su hospitalario, que es responsable de las actividades sociales y médicas. La posición del Gran Hospitalario de toda la Orden, un miembro del gobierno de la Orden, se corresponde en términos contemporáneos a la de un ministro de Salud y Asuntos Sociales.

– Digamos algunas palabras sobre lo que hace hoy en día la Orden de Malta.

Nuestras actividades no pueden resumirse en un par de frases. Sin embargo, si hubiéramos de ser concisos, deberíamos señalar que la Orden está involucrada actualmente en cerca de 2.000 proyectos diferentes en hasta 120 países de todo el mundo. Hay alrededor de 100.000 voluntarios trabajando para nosotros y unos 25.000 empleados permanentes. Solamente son cifras, pero demuestran la escala de nuestras operaciones.

Hablamos aquí de actividades como, por ejemplo, dirigir hospitales, además de hogares para ancianos y para personas con discapacidades. Igualmente cabe destacar nuestra labor social para los sintecho y los refugiados y las actividades educacionales, que incluyen la gestión de escuelas. En África, por ejemplo, la Orden participa en amplias campañas que luchan contra el sida, la tuberculosis, la malaria y la lepra.

– ¿Qué hay de Polonia?

También estamos presentes en Polonia. Tenemos hogares y proyectos que ofrecen, por ejemplo, cuidados sanitarios y servicios de emergencia médica. Durante el conocido como Maidán en la vecina Ucrania, transferimos muchos heridos para su tratamiento en Polonia.

– Recuerdo el proyecto; se cubrió ampliamente en los medios de comunicación polacos. Esto me recuerda otro ejemplo de la significativa presencia de la Orden en Polonia: durante la Segunda Guerra Mundial había un Hospital Maltés en la capital de Polonia, que desempeñó un papel especialmente importante durante el Levantamiento de Varsovia de 1944.

Cierto, es verdad. Hace algún tiempo visité la región italiana de Trento, donde teníamos un hospital con doscientas camas durante la Segunda Guerra Mundial. Así es como servimos.

La última vez que visité Polonia, tuve el placer de participar en una celebración solemne con la ofrenda de una ambulancia nueva financiada por la Orden para un equipo de rescate. Fue bendecida por un sacerdote y desde entonces ha estado en uso. Esta es la misión de nuestra Orden.

– ¿Cómo puede una persona convertirse en Caballero de la Orden de Malta hoy en día?

Respondería que se trata de servicio, servicio y una vez más servicio. Si de verdad quieres servir, tienes una posibilidad de convertirte en miembro de esta organización tan singular. Dirigimos hospitales en África y participamos en sesiones de la Organización de Naciones Unidas. Yo mismo hablé en la ONU sobre el problema migratorio.

En otras palabras, cuando sirves como, digamos, un voluntario de nuestra Orden, paso a paso te vas convirtiendo en un miembro de la familia. Cuando entras en esta familia, cada vez quieres más y más. De modo que todo empieza con el servicio, con el trabajo voluntario. Más adelante, algún día, aunque este no es el camino al que están llamadas todas las personas, te das cuenta de que te gustaría comprometerte aún más a esta vocación. También a nivel personal, familiar y profesional. Tu fe es de primordial importancia aquí: vives tu fe y la desarrollas al servicio de otros seres humanos.

Vemos a Cristo en los enfermos y en los que sufren. Le vemos en los refugiados. El Evangelio dice: “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber…”. Esta es la esencia de ser miembro de la Orden de Malta.

Si ansías este estilo de vida, puedes acceder a nuestra formación y convertirte en miembro de la Orden. Este camino implica que estás involucrado en actividades por el bien de la Iglesia y que ofreces ayuda a los enfermos e indigentes. Todo esto ha de hacerse con mucha oración diaria.

– ¿Los Caballeros de Malta asumen alguna obligación espiritual?

Esto es un poco como viajar en tren: a veces viajas rápido en primera clase, otras veces en segunda o en tercera, que se corresponde con tu decreciente nivel de comodidad. Sin embargo, para los Caballeros de Malta, el orden es al revés, cuanto más cerca estás de la primera clase, menos comodidad tienes y más servicio necesitas ofrecer.

La membresía en la Orden de Malta significa que eres parte de una organización católica. Esto implica que se espera de ti que vivas una vida de fe católica lo mejor que puedas. Por ejemplo, la primera fase de formación dura 18 meses y requiere un voto especial de obediencia. Entonces se te confían unos deberes espirituales adicionales, como oraciones del Breviario, etc.

Aun así, el servicio a los demás siempre será el factor más importante. Esto no supone una simple asistencia a los necesitados. Cuando ves el sufrimiento de Cristo en estas personas, tu actividad alcanza un nivel diferente y se convierte en una cuestión espiritual. De esta manera, aceptas a otro ser humano holísticamente, integralmente.

– Si no me equivoco, esta es una vocación para personas laicas que tienen familias.

Cierto, aunque en la Orden de Malta también tenemos religiosos, personas que han pronunciado los votos de obediencia, pobreza y castidad. Este ha sido un camino de nuestro ministerio desde el comienzo en el siglo XI. En el siglo XIII se añadió un cuarto voto, que ninguna otra Orden comparte con nosotros: un voto de servicio a los enfermos y los pobres.

Esto demuestra aún más lo que se espera de un miembro de la Orden. Seguir el camino de la vocación significa que tienes que dar testimonio a través del servicio. No hay mejor voto religioso que ese. Te comprometes a servir a los enfermos y los pobres hasta la muerte.

– Puedo ver que los miembros de la Orden llevan emblemas especiales en la solapa de sus abrigos.

Cierto. El tipo de emblema que lleves depende de la clase que tomes, volviendo a la analogía de antes sobre el viaje en tren. Cuanto mayor es la clase, menos elementos hay en el emblema. Por ejemplo, cuando pasas a la segunda clase, pierdes una pequeña corona de tu emblema. Esto también dice mucho de nuestra vocación: aquí revertimos la jerarquía de las posesiones terrenales.

– ¿La Orden de Malta ha estado siempre tan cerca de la Iglesia institucional?

Durante 900 años hemos sido una institución de la Iglesia, reconocida por la Santa Sede en 1113. En los siglos siguientes, la Orden llegó a reconocerse como un Estado independiente o un cuasiestado. Hoy podemos decir que somos una institución reconocida por el derecho internacional y que, como tal, tenemos algunos atributos de la categoría de un Estado. Pocas personas saben que la Orden de Malta es reconocida y mantiene relaciones oficiales con 106 Estados de todo el mundo. Tenemos nuestros propios embajadores y representantes en organizaciones internacionales como la ONU, la OMS, la Cruz Roja, la FAO, etc.

Al mismo tiempo, seguimos siendo una institución religiosa dentro de la Iglesia. Por esa razón el jefe de la Orden es tanto un superior religioso como un soberano. Su estatus es similar al de un abad o el maestre de una orden. Es similar al Vaticano y el papa, que es tanto el jefe del Estado como un superior religioso.

– Hablando del superior de la Orden de Malta, debemos mencionar los problemas que han debido afrontar ustedes recientemente. Por petición del papa, el antiguo Gran Maestre de los Caballeros de Malta tuvo que dimitir, a pesar de que es un puesto de carácter vitalicio.

Es cierto. En los 900 años de historia de la Orden este es solo el tercer caso. Estábamos tratando una crisis importante. Por entonces, tuve oportunidad de hablar dos veces con el papa Francisco.

A día de hoy, encabeza la Orden un superior temporal, el Lugarteniente del Gran Maestre, elegido por periodo de un año, un tiempo durante el cual estamos redoblando nuestros esfuerzos para reconstruir la confianza y reformar la Orden.

Hoy, cientos de Caballeros participan en el proceso de una reforma exhaustiva, comparable un poco a la reforma del Vaticanum Secundum. Al mismo tiempo, estamos preparándonos para elegir a un nuevo Gran Maestre.

– ¿Cuál sería el mensaje del Gran Hospitalario de la Orden de Malta, en especial para los jóvenes?

No es un asunto sencillo. Quizás señalaría que asumir un esfuerzo y exigir mucho de uno mismo son cosas importantes en la vida de todo el mundo. Quizás sea difícil al principio, aunque el esfuerzo cobra sus frutos con una mayor calidad de vida. Entonces la alegría de vivir es inconmensurablemente mayor.

Así pues, me gustaría animar a los jóvenes a dejar atrás el egoísmo e intentar entender a los demás. Es importante ser capaz de escuchar a otras personas y reconocer a los necesitados. No tienes que dar dinero en la calle todos los días, pero al menos no vuelvas la cabeza. Cuando una persona pobre se acerque a ti, no mires a otro lado, salúdalo, a él o ella, y pregúntale por su nombre. Si quieres que otros te presten atención, tienes que prestar atención a quienes la necesitan.

Por último: no os detengáis en solo pedir algo y esperar recibirlo todo. Intentad dar de vosotros mismos. Si lográis llegar a un equilibrio entre dar y recibir, llevaréis vuestra vida a un nivel mucho más alto.

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Fuente: Aleteia.org
Entrevista concedida a Aleteia.org