La Señora de Todos los Pueblos – Amsterdam, Holanda

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Nuestra Señora se apareció en Amsterdam a una sencilla mujer, Ida Peerdeman, revelándole una serie de acontecimientos futuros, como la crisis por la que atravesaría el mundo y el gran combate que se desarrollaría dentro de la Iglesia, la liberación de los Países Bajos de la ocupación alemana, futuras guerras como la del Golfo y la de los Balcanes, la catástrofe de Chernobyl y otras profecías que se han cumplido con rigurosa exactitud. Pero lo más importante es el mensaje de esperanza que quiere dejar a sus hijos. La Virgen señala a su Hijo, Jesús, y también la Cruz. Insiste en que sólo regresando a El vendrá la verdadera Paz. Como en sus apariciones anteriores, pide el rezo del Santo Rosario, mostrándolo como el arma más poderosa contra el demonio.

Pero el eje de esta aparición de María es sin dudas su profecía respecto de que el dogma final de “María Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada” será proclamado formalmente por la Iglesia un 31 de mayo. Después, vendrá la verdadera paz.

La aparición comenzó el 25 de marzo de 1945, día en que la Iglesia celebra la Fiesta de la Anunciación. En total fueron 56 apariciones entre ese año y 1959. María allí ha pedido se le reconozca con el nuevo título de “La Señora de Todos los Pueblos”, se venere la imagen que le mostró a la vidente y se rece una oración a Jesucristo, que Ella misma le dictó.

A través de esa oración María nos pide implorar la Presencia del Espíritu Santo en el mundo, para que descienda sobre nosotros, como en Ella siempre estuvo.

Esta aparición, tan poco conocida, es una de las más importantes que María nos ha regalado. Y no es sólo por las profecías que allí se escucharon, o por la oración al Espíritu Santo que Ella nos enseñó, o por la hermosa imagen que nos regaló. Su importancia radica en el pedido de proclamación del quinto y último dogma Mariano, la joya que completa la Corona de María:

María Corredentora, Mediadora de todas las gracias y Abogada

 

Oración dictada por María a Ida

Señor Jesucristo,
Hijo del Padre,
manda ahora Tu Espíritu sobre la tierra.

Haz que el Espíritu Santo habite
en el corazón de todos los pueblos,
para que sean preservados de la corrupción,
de las calamidades y de la guerra.

Que la Señora de todos los Pueblos,
que un día era María,
sea nuestra Abogada.

Amén

Cinco cardenales a favor de un Quinto Dogma Mariano

Piden declarar a María Madre de la Humanidad

ROMA, miércoles, 13 febrero 2008 (ZENIT.org).- Cinco cardenales han enviado una carta invitando a los purpurados de todo el mundo a unirse a ellos para pedir a Benedicto XVI que declare un quinto dogma mariano que «proclamaría la plena verdad cristiana sobre María».

El texto, dado a conocer la semana pasada, incluye la petición al Papa de proclamar a María «Madre espiritual de toda la humanidad, corredentora con Jesús Redentor, mediadora de todas las gracias con Jesús único mediador, abogada con Jesucristo en favor del género humano».

Los firmantes de la carta son cinco de los seis cardenales promotores del simposio internacional sobre la Redención mariana, celebrado en Fátima en 2005: Telesphore Toppo, arzobispo de Ranchi (India); Luis Aponte Martínez, arzobispo emérito de San Juan (Puerto Rico); Varkey Vithayathil, arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly (India); Ricardo Vidal, arzobispo de Cebú (Filipinas); Ernesto Corripio y Ahumada, arzobispo emérito de Ciudad de México.

El cardenal Edouard Gagnon, fallecido en agosto pasado, era el sexto cardenal promotor de la conferencia de 2005. Fue presidente del Consejo Pontificio para la Familia de 1974 a 1990, cuando se retiró.

El secretariado de los cinco cardenales ha difundido la versión inglesa de la carta, que incluye una traducción y el texto original en latín del «votum», o petición, formulado en 2005 y presentado formalmente al Papa por el cardenal Toppo en 2006.

«Creemos –afirma la declaración– que es el momento oportuno para una solemne definición o clarificación sobre la constante enseñanza de la Iglesia respecto a la Madre del Redentor y su cooperación única en la obra de la Redención, así como su papel en la distribución de la gracia y en la intercesión por la familia humana».

Subrayando las preocupaciones ecuménicas, la petición añade: «Es muy importante […] que las personas de otras tradiciones religiosas reciban la clarificación, al máximo nivel de auténtica certeza doctrinal que podamos proporcionar, de que la Iglesia católica distingue esencialmente entre el papel de Jesucristo, Redentor divino y humano del mundo, y la única pero secundaria y dependiente participación humana de la Madre de Cristo en la gran obra de la Redención».

El texto añade que el cambio sería «la máxima expresión de claridad doctrinal al servicio de nuestros hermanos y nuestras hermanas cristianos y no cristianos que no están en comunión con Roma».

La proclamación del quinto dogma mariano sería un «servicio de clarificación a las otras tradiciones religiosas y un proclamar la plena verdad cristiana sobre María».

«Esta iniciativa –añade la declaración– pretende también iniciar un diálogo mundial en profundidad sobre el papel de María en la salvación para nuestra época».

«Si este esfuerzo resultara coronado por el éxito, una proclamación sería un evento histórico para la Iglesia como quinto dogma mariano definido en su historia bimilenaria», afirman.

Según el cardenal Aponte Martínez, ha llegado «el momento de la definición papal de la relación de la Madre de Jesús con cada uno de nosotros, sus hijos terrenales, en sus papeles de corredentora, mediadora de todas las gracias y abogada».

«Proclamar solemnemente a María como madre espiritual de todos los pueblos quiere decir reconocer plenamente y oficialmente sus títulos y por tanto activar, reavivar las funciones espirituales, de intercesión, que ofrecen a la Iglesia para la nueva evangelización y para la humanidad, en la delicada situación mundial que vive actualmente», añade.

Traducido por Nieves San Martín

 

¿El momento?

Marzo de 1945 en Holanda, pocos meses antes del fin de la segunda guerra mundial. Mientras los alemanes se retiran del oeste europeo frente al avance de los aliados, en medio del hambre y los últimos fríos del invierno, una humilde mujer recibe la visita de la Madre de Dios. Aún no había terminado el horror que costó la vida a sesenta millones de personas, aún no había empezado la reconstrucción de la Europa arrasada por los casi seis años de la mayor guerra de la historia de la humanidad. Sin dudas un momento muy especial para apoyarse en el dolor de la gente, que siempre da la oportunidad de volver los ojos a Dios. Y María, por Gracia de Dios, aprovecha esta oportunidad para impulsar una misión que llevará muchos años para alcanzar su maduración: la proclamación del quinto dogma mariano, María Corredentora, Mediadora de todas las Gracias y Abogada.

Los tiempos son distintos en el Cielo, no tienen punto de comparación con lo que ocurre en la tierra. Pero Dios desarrolla Su plan dentro de los tiempos de los hombres, poniendo Su mensaje aquí y allá, marcando el rumbo que debe seguir la historia, a través de Sus manifestaciones y mensajes.

 

¿El lugar?

Holanda fue invadida tempranamente por los alemanes en la guerra, y fue terreno de la resistencia de un pueblo que no aceptaba al invasor. Inserta en una Europa que volvió a enfrentar el tremendo castigo de una guerra que asoló su territorio, como ocurrió también en la guerra de 1914. El pueblo estaba hundido en la desesperación y en la angustia de haber visto morir a muchísimos de sus amigos y parientes, y en la necesidad de sobrevivir aunque sea un día más. Europa fue siempre terreno fértil para las apariciones Marianas, ya sea por haber sido el centro de mayor desarrollo de la Cristiandad por siglos, como por haber sido un lugar donde la libertad de cultos permitió que se conozcan los hechos de Dios. En Rusia o China se han producido varias apariciones que quedaron acalladas por el comunismo ateo, que coarta la libertad de las almas de elevarse y mirar a Dios.

Pero el hecho de que María escogiera Amsterdam está ligado a otro acontecimiento sucedido allí seiscientos años antes. El 20 de marzo de 1953 la Santísima Virgen le dijo a Ida: “He seleccionado Amsterdam como el lugar de Nuestra Señora de todos los Pueblos. También es el lugar del Santísimo Sacramento…”. Cuando la Virgen dice que Amsterdam es el lugar del Santísimo Sacramento, Nuestra Señora se está refiriendo al milagro eucarístico que ocurrió en esa ciudad en 1345, exactamente seis siglos antes de estas apariciones:

Un pescador llamado Ijsbrand Dommer estaba agonizando. Su esposa había llamado a un sacerdote para que le administrara los últimos sacramentos. El hombre se pudo confesar y recibir la Sagrada Hostia, pero un fuerte ataque de tos hizo que el hombre vomitara y la Hostia fuera también expulsada de su boca. La esposa limpió lo que el marido había expulsado y lo lanzó al fuego. Cuando ella fue a revolver los leños del fuego la mañana siguiente, encontró que la Hostia estaba flotando encima de las llamas sin haber sufrido deterioro ni daño alguno. La buena mujer la sacó del fuego y la colocó en un cofre, envuelta en un pañito limpio, al tiempo que llamaba al sacerdote para que pusiera la Hostia en el sagrario de la Iglesia. El siguiente día la Hostia apareció nuevamente en el cofre, y nuevamente fue llevada al sagrario. Al día siguiente sucedió lo mismo, y el sacerdote comprendió que este milagro no debía quedar en secreto sino ser conocido. Desde entonces Amsterdam se convirtió en lugar de peregrinaciones, donde acudían peregrinos de toda Europa a rendirle adoración a Jesús Sacramentado. Muchos de los visitantes que acudían a Amsterdam por tal motivo eran comerciantes, y con el tiempo Amsterdam se convirtió en un puerto en donde el comercio se desarrollaba aunado a la veneración del Santísimo Sacramento.

Más tarde la reforma protestante tomó el Lugar Santo y nunca más se vio la Sagrada Hostia del Milagro. La tradicional procesión fue prohibida, pero los católicos continuaron reuniéndose cada año, haciendo el mismo recorrido de antes, en oración, pero en silencio. Desde entonces este recorrido tomó el nombre de “paso silencioso”. Todavía hoy fervientes católicos de todas partes de Holanda se reúnen cada año para participar en este “paso silencioso”.

No es de extrañar entonces que María quiera ligar la Presencia Eucarística de Su Hijo manifestada en Amsterdam varios siglos atrás, con su nuevo rol de Corredentora. El Redentor y la Corredentora juntos, el Hijo y la Madre juntos, indisolublemente.

 

¿La vidente?

La vidente Ida Peerdeman fue testigo ocular de las apariciones de la Santísima Virgen en Amsterdam, desde 1945 a 1959. Ida era una humilde oficinista que vivía con sus hermanas en Amsterdam. Católica practicante, vivía una vida normal hasta que María la eligió para ser un instrumento de una parte importante de su obra en estos tiempos. Nació en el año 1906 y murió el 17 de junio de 1996, a los noventa años de edad. Su fallecimiento ocurrió como se lo había anticipado María: sería luego de que ella pueda ver la aprobación de la iglesia a la aparición de la que fue testigo y vidente. Diez días antes, Ida había dado permiso para que los mensajes que ella recibió de la Santísima Virgen fueran publicados. Su misa de funeral fue celebrada por el Obispo Bomers (el mismo que otorgó la aprobación inicial) quien empezó su homilía en esa ocasión declarando que “estamos hoy aquí reunidos como personas que amamos, admiramos y estimamos a Ida Peerdeman”.

Dios siempre elige a los más pequeños y humildes para Su obra. Es imposible entender desde la lógica humana el motivo de sus elecciones. Quizás el mensaje sea justamente ese: los hombres simplemente no debemos tratar de entender el por qué del modo de obrar de Dios. Lo concreto es que el tiempo confirma el resultado de Su obrar, como ocurrió con Ida, que se manifestó como una férrea y obediente alumna de su maestra, la Virgen María.

 

La primera aparición

Ocurrió el 25 de marzo de 1945, día en que se celebra la fiesta de la Anunciación del Angel Gabriel a la Virgen María. Ese año la celebración coincidió con el domingo de Ramos, una muy especial coincidencia. Ida estaba en la sala de estar de su casa con sus hermanas y el Padre Frehe, que estaba de visita en la ciudad. Este sacerdote fue el confesor y director espiritual de la vidente, desde 1917 hasta su muerte ocurrida en 1967.

Hablaban de la guerra, del hambre y frío que pasaban, de las cosas que habían vivido en esos días. De repente algo atrajo la atención de Ida y la impulsó a ir a la habitación contigua. Allí vio una gran luz, una luz muy especial. Ida dudaba sobre el origen de aquella luz, cuando vio que la misma se le acercaba desde un rincón de aquella habitación. En ese momento la habitación desapareció frente a sus ojos, todo lo que estaba a su alrededor desapareció. Se encontró en medio de un mar de luz y de un profundo vacío, del que surgió una silueta, una figura viviente que tenía la forma de una mujer. Ida simplemente no lo puede explicar de mejor forma. Llevaba un vestido blanco con un cinturón, y estaba de pie con los brazos abiertos y las palmas de las manos hacia adelante, hacia Ida. Ida sintió en ese momento que tenía que ser la Santísima Virgen, no podía ser otra persona. Entonces la figura comenzó a hablarle: le dijo “repite lo que te diga”.

Ida repetía palabra por palabra lo que escuchaba, María hablaba muy lentamente. Primeramente María le anticipó la liberación de Holanda de los alemanes, que ocurriría en mayo de 1945. Luego le muestra el Rosario y le dice: “a esto se lo debemos, Perseverad rezándolo”. Luego le pide oración, que se difunda la necesidad de la oración, especialmente los soldados que aún luchan en la guerra. También le profetiza que ellos pronto volverán a sus casas. Entonces su juntaron a su alrededor sus hermanas y el Padre Frehe, que escuchaban lo que ella repetía. El sacerdote pidió a una de las hermanas de Ida que escriba todo lo que escucha, mientras le dijo: Pregúntale quien es. La figura sonrió y dijo: “Me llamarán la Señora, la Madre”. Para la angustia de Ida, tanto el Padre Frehe como las hermanas se rieron de ello, porque nunca habían escuchado que a la Virgen se la llame de ese modo. Ida se enojó, pero luego pensó que si ellos vieran lo que ella veía no se reirían de ese modo, con lo que los disculpó de inmediato.

María pasó entonces frente a Ida, dejando una Cruz frente a ella. Cuando Ida se agachó para recogerla, notó que era muy pesada. La Virgen, después de decirle a Ida todo lo que quería que repitiera, se retiró lentamente mientras la luz se apagaba. La habitación recuperó su normalidad.

Esta primera aparición marcó la forma en que María se presentó a Ida desde 1945 hasta 1959, en cincuenta y seis oportunidades. Siempre en la forma de visiones y revelaciones, de las que surgieron profecías y pedidos, enseñanzas y consuelo. María en su máxima expresión maternal, engarzando las apariciones previas (la Medalla, Lourdes, La Salette, Fátima, entre otras) con las que vinieron con posterioridad (Akita, Rwanda, Betania, Garabandal, San Nicolás y Medjugorje, fundamentalmente). Amsterdam contiene un mensaje central que madurará con el tiempo: la Corredentora entre nosotros.

 

Los mensajes a lo largo de los años

La mayor parte de las apariciones ocurrieron en la casa de Ida, aunque algunas se dieron estando Ida en Alemania, mientras otras pocas ocurrieron en público. Al principio no hubo una fecha especial para los mensajes, pero al final de los años cincuenta María empezó a aparecer el 31 de mayo de cada año. La última aparición tuvo lugar el 31 de mayo de 1959. Sin embargo, a partir de 1958 la vidente empezó a tener vivencias Eucarísticas: visiones e imágenes llenas de valor simbólico que se daban durante la celebración de la Santa Misa en la capilla de la calle Diepenbrock en Amsterdam, que es donde se encuentra ubicado el cuadro original de la Señora.

Los primeros mensajes, desde 1945 hasta 1950, contienen muchas amonestaciones, advertencias y profecías, pero también mucho consuelo y promesas. Al principio no se entendían sus palabras e imágenes. María advertía sobre tremendas pruebas y peligros que amenazan a la Iglesia: falta el amor, la verdad y la justicia. Ella exhorta a la Iglesia a una mayor apertura y generosidad, quizás anticipando el Espíritu fresco y renovador que originó el Concilio Vaticano II, a pesar de que allí también se originaron algunos errores difundidos luego dentro de la Iglesia. En diversas imágenes María nos muestra un mundo desgarrado, infectado de corrupción y calamidades. María invita permanentemente en las visiones a volver a la Cruz, de lo contrario no habrá paz. Hace un llamado a la unificación de todos los cristianos, pues una tremenda lucha espiritual amenaza con estallar en Europa y expandirse al mundo entero.

Ella profetizó en visiones la guerra de los Balcanes, llevó a Ida a presenciar la catástrofe de Chernobyl, entre muchos otros anuncios. Sería imposible reproducir en este trabajo la totalidad de las visiones y mensajes recibidos por Ida. Por ello nos concentraremos en lo esencial de la visita de María a Amsterdam.

 

María describe el mundo por venir

Dice Ida, relatando una de sus visiones: Vi el Vaticano y a toda la Iglesia Católica a su alrededor. Luego vi una paloma negra volar sobre nuestra Iglesia. La Señora me señala esta paloma diciendo: “Es el espíritu viejo, que deberá desaparecer”. La paloma de repente se vuelve blanca, y María le dice: “Esta es una nueva paloma blanca. Manda sus rayos en todas las direcciones, pues el mundo se tambalea. Unos cuantos años más, y el mundo desaparecería,. Pero El vendrá y pondrá orden en el mundo, sin embargo…ellos tienen que escuchar”.

Luego María lleva a Ida frente a una gran Cruz: “tómala, El la ha llevado antes que tú”. No quiero llevarla, y siento como que represento a todas las personas del mundo que se niegan a llevar la Cruz. María me toma de la mano y me dice: “ven”. Ahora veo una figura radiante, luminosa, con una vestidura larga, que nos precede. Es la figura de un Hombre, pero totalmente transfigurado, Espiritual. El Hombre carga una Cruz pesada, la arrastra por el suelo. No puedo ver Su Rostro, es todo un rayo de Luz. Camina por todo el mundo con la Cruz, pero nadie lo sigue. “Está sólo”, dice María. “El va sólo por el mundo, que empeorará aún más, hasta que en un momento determinado algo terrible suceda”.

De repente la Cruz está de nuevo levantada en medio de la tierra. “Ahora todos tendrán que verla, quieran o no”, dice nuestra Madre. Ida ve a continuación una serie de imágenes extrañas. Cruces gamadas bajo la Cruz caen. Luego estrellas, todas caen. Hoces y martillos, todo cae bajo la Cruz. Luego ve de repente a la Señora con el Rosario, que dice: “¡Continuad rezando, todo el mundo!”. Señalando el Crucifijo, agrega: “Todo el mundo tendrá que regresar a El, desde el más grande al más pequeño, el más pobre como el más rico. Pero costará trabajo”. Luego Ida ve a María poniendo un pié sobre el globo terráqueo, y le dice: “Pongo el pié sobre la tierra. Los ayudaré y los conduciré hasta la meta, pero tendrán que luchar”.

Este mensaje, recibido por Ida el 7 de octubre de 1945, contiene profecías centrales para el mundo. María profetiza allí no sólo hechos históricos que ocurrirán en el futuro (para dar credibilidad a sus mensajes, profetiza la guerra de Bosnia o la catástrofe de Chernobyl) pero también anuncia una gran crisis dentro de la Iglesia y del mundo mismo. Anuncia eventos que María también nos anticipa desde Medjugorje o Garabandal, como el aviso o el gran milagro que ocurrirá para dar una última oportunidad de conversión a aquellos que tienen el alma alejada de Dios, en situación de muerte espiritual, aunque sus cuerpos aún vivan. También se anuncia como la Pastora que nos llevará de regreso a la Cruz de Su Hijo, como anticipó San Luis Grignon de Montfort o tantos otros Santos devotos de María.

Meditando este mensaje vemos con alegría el consuelo de la Madre que nos anticipa y confirma la inminente venida de Jesús en nuestro auxilio, a pesar de la tremenda oscuridad que crece en el mundo.

 

María nos anuncia el inminente regreso de Su Hijo

Ida ve a la Señora de pié, con el Niño Jesús en sus brazos. Jesús tiene una aureola alrededor de Su Cabeza, e irradia Luz en todas las direcciones. María baja y aparece de pie sobre el globo terráqueo, que gira debajo de Ella. María mira a Ida y le dice: “Ven, sígueme”. Van juntas y caminan sobre el globo terrestre. Mientras María mira a Ida, señala al Niño Jesús y le dice: “A El deseo traerlo de nuevo al mundo”. Pero mientras dice esto menea negativamente la cabeza una y otra vez. Veo que el Niño se transforma en una Cruz. De repente la Cruz cae al suelo y se rompe en pedazos. Ida mira al mundo y ve que se ha envuelto totalmente en oscuridad. María dice: “Lo traeré de nuevo al mundo”, y señala la Cruz rota. Luego la Virgen aparece sentada en un sillón con el Niño en su regazo, que irradia Luz en todas las direcciones. Ella dice: “Primero regresad a El, sólo entonces reinará la verdadera Paz”. María mira muy seriamente a Ida: “La Religión sufrirá una dura lucha, tratarán de destruirla. Pero lo harán con tanta astucia que casi nadie se dará cuenta de ello. Sin embargo yo los prevengo….Christus Regnum…¡Roma, ponte en guardia!”.

Esta visión, del 29 de marzo de 1946, contiene el anuncio de la Segunda Venida de Jesús, anunciada en repetidas ocasiones en el viejo y el nuevo Testamento. Pero también profetiza la dura lucha y crueldad que precederá este hecho Glorioso. Probablemente aquí preanuncia la difusión de la negación de la verdadera Presencia Eucarística de Jesús, hecho también conocido como la gran abominación. Evidentemente Roma sufrirá grandes ataques que tratarán de destruir la verdadera Cruz, la Presencia del Señor en Su Sacrificio Perpetuo, la Eucaristía.

El 31 de mayo de 1955 la Virgen dijo: “Cuando empecéis a pedir al Santo Padre la proclamación del dogma, la Señora cumplirá su promesa y vendrá la verdadera Paz. La verdadera Paz, pueblos, es el Reino de Dios. El Reino de Dios está más cerca que nunca. Comprended bien estas palabras… ESTÁ MÁS CERCA QUE NUNCA”.

María nos advierte, nos prepara en la necesidad de estar alertas a esta sutil pero destructiva acción del maligno que se avecina. Pero también nos da la mayor felicidad que podemos tener, al anunciarnos que este tremendo dolor de parto que sufriremos como Iglesia, como miembros del Cuerpo Místico de Jesús, precede a Su Regreso en Gloria.

 

Anuncios de catástrofes en Medio Oriente y el mundo entero

Ida ve a la Señora que le dice: “Vendrán catástrofes de norte a sur, de sur a oeste, y de oeste a este”. La vidente ve una cúpula redonda, que parece ser la ciudad de Jerusalén, y escucha: “En Jerusalén y en sus alrededores tendrán lugar graves batallas. Es como si el mundo se fuera a romper en dos partes. Habrá mucho dolor y miseria”. Ida siente mucho dolor en una mano y ve a América y Europa uno junto al otro. Ve escrito: “Guerra económica, boicot, crisis monetaria, catástrofes”. Luego ve de repente un gran reloj solar, y oye a María decir: “El reloj solar ha retrocedido”.

Esta visión del 26 de diciembre de 1947 parece preanunciar la crisis entre el mundo Musulmán y occidente que vemos en nuestros tiempos, con el mundo capitalista unido en guerra contra pueblos de oriente medio después del atentado del 11 de setiembre de 2001, y Jerusalén herida. Las catástrofes naturales parecen unirse a catástrofes económicas y bélicas producidas por el mismo hombre.

 

El 28 de marzo de 1948 sigue María profetizando sobre estos mismos temas:

Ida ve a la Señora que le dice: “Se tratará del derecho. Dentro de poco sucederán cosas muy serias, que serán precedidas por el caos, la confusión y la desesperación. Sobre San Pedro se adensarán nubes espesas, que sólo se disiparán con muchas luchas y esfuerzos. De lo contrario vendrá la ruina. Todos los cristianos deberán unir sus fuerzas, lo que costará mucho dolor y sufrimiento. Uníos todos, pues la lucha empieza. Las puertas se abren. En Jerusalén, los pueblos orientales se tapan la cara con las manos. Se lamentarán por su ciudad”. Luego la vidente ve escritas las siguientes palabras: “Rectitud, Amor y Justicia”. María dice: “Mientras esas palabras no entren en la cabeza de los hombres y no las vivan de corazón, no habrá perspectivas de paz. Pueblos cristianos, los paganos os lo van a enseñar”.

Una vez más María nos advierte de cambios en las reglas, que generarán tragedias espirituales y materiales. La inmoralidad y ambición desmedida que invade al mundo son advertidas por María como desencadenantes del dolor. También, como ocurrió con el pueblo Judío con la venida del Salvador, nos encontramos que el pueblo elegido (los cristianos, en esta oportunidad) deberán aprender de los gentiles o paganos.

 

Rusia, como en Fátima, foco de profecías

Ida ve a la Señora sentada, vestida de luto, con un velo blanco que le cubre la cabeza. Sus facciones son las de una mujer muy anciana, está encorvada y dice: “Estamos acá, en la oscuridad, es la corrupción de la humanidad”. A continuación entra con Ella en una profunda oscuridad. Siguen caminando, todo está muy oscuro. Entran en una cueva donde aparece un poco de paja y un Niño es colocado en ella. Muchas personas lo rodean, mientras María dice: “Gente humilde, los más pequeños de mis hijos. No encuentran lugar para ellos, grandes multitudes. Los más pequeños de mis hijos”. Luego dice: “Todo será fingido en Rusia, allí habrá un cambio total”. Luego Ida ve girar a la tierra, y María le dice: “La naturaleza también cambia”. Luego escucha: “Cristo ya no existe. Realismo, un espíritu de realismo”. Ida ve ese espíritu en la misma forma. Luego vuelven a ingresar a la misma cueva, y ve aparecer a todos los frutos y riquezas de la tierra: “Y ahora vamos a distribuirlos. Este es el espíritu que no han comprendido”.

Este mensaje del 7 de mayo de 1949 nos muestra el dolor de María, que sólo es compartido por sus hijos más pequeños. Ellos son los que están con Jesús, en su humilde cueva como lo hicieron los pastores en Belén. En estos tiempos el espíritu de los humildes pastorcitos debe ser imitado por aquellos que quieran ser consuelo e instrumentos para el traspasado Corazón de la Virgen. Rusia, difusor del comunismo como herramienta del mal contra la verdad de Cristo, es puesto en escena por María una vez más: allí se anunciaron los grandes cambios que han venido ocurriendo, y otros que ocurrirán. También nuestra Madre nos habla de los verdaderos frutos de la Creación, que son bien distintos de los frutos que el hombre moderno ha creado (el dinero, el placer, la vanidad y avaricia, el poder y la soberbia), como ídolos que reemplazan la alabanza y adoración del Dios único y verdadero

 

El Segundo Pentecostés: el Espíritu Santo entre nosotros

Dice María: “Existe en el mundo una tendencia fuerte hacia el bien, y es precisamente ésa la razón por la que el otro espíritu está trabajando. Ese espíritu está ocupado en influenciar al mundo y corromperlo. Los hombres no son en sí malos, sino sólo débiles. La Iglesia deberá esforzarse en formar el espíritu. Precisamente ahora tiene una gran oportunidad, porque la oportunidad está buscando. La lucha ya no será contra las naciones, sino contra el espíritu” (mensaje del 14 de febrero de 1950).

Dice nuevamente la Señora, mientras señala hacia arriba donde Ida ve una paloma blanca: “Mira, ese es el Espíritu nuevo que tiene que venir”. Luego ve salir unos rayos de la paloma. Los rayos van hacia abajo, dos hacia la mitad, dos a la derecha y dos a la izquierda. La Señora dice: “Más tarde entenderás el significado. Cristiandad, no sabes que grave peligro te amenaza. Hay un espíritu que quiere infiltrarse, pero -la Señora hace un signo de bendición con la mano- la victoria es nuestra”.

María hace insistentes referencias a la influencia del Maligno en estos tiempos, y al espíritu de materialismo que invade al mundo. Pero también nos anuncia el renovado soplo del Espíritu Santo, que nos inunda con sus inspiraciones, sus dones y sus gracias. Es tan numeroso el recuento de revelaciones y gracias dispersadas aquí y allá, que claramente podemos concluir que Dios nos está bendiciendo con un Segundo Pentecostés.

 

El título de “La Señora de todos los Pueblos”

El nombre de esta nueva advocación es mencionado por primera vez por María el 16 de noviembre de 1950. Esta fecha es muy importante, porque pocos días antes (el 1 de noviembre de ese mismo año) el Papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción de María al Cielo. Ida relata lo visto en esa oportunidad:

 

Veo a la Señora de pie sobre el globo terrestre. Señalándolo, me dice: “Hija, estoy de pie sobre este globo, porque deseo que me llamen LA SEÑORA DE TODOS LOS PUEBLOS”.

 

En mensajes posteriores Ella explica el significado de este nombre: “Yo soy la Señora, María, Madre de todos los Pueblos. Me pueden llamar Señora de todos los Pueblos o Madre de todos los Pueblos, que antes era María. Yo vengo precisamente en este día para comunicarte que así es como deseo que me llamen. Las personas de todos los países deberán ser verdaderamente un solo pueblo” (11 de febrero de 1951).

 

“La Señora de todos los Pueblos desea que la lleven a todos, quienquiera o lo que quiera que sean. Por eso recibió este título de su Señor y Maestro” (31 de diciembre de 1951).

 

“Con la Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo al Cielo, mediante un acto único entregó a todos los pueblos a Miriam o María, como ”la Señora de todos los Pueblos”. Al decir estas palabras “Mujer, ahí tienes a tu hijo, hijo, ahí tienes a tu Madre”, con esta declaración, Miriam o María recibió este nuevo título. ¿Por qué sólo hasta ahora aparece el título de “Señora de todos los Pueblos”?. Porque el Señor lo tenía reservado para estos tiempos. Los dogmas proclamados con anterioridad tenían que precederlo, de igual manera que su vida terrena tuvo que preceder a ser declarada la Señora de todos los Pueblos. Todos los dogmas anteriores abarcan la Vida y la Asunción de la Señora” (5 de octubre de 1952).

 

María se presenta con este título como Madre de toda la humanidad, como la Pastora de todos nosotros. Esta concesión de Dios hacia tan graciosa Criatura debe llenarnos de amor y orgullo, por ser hijos de la propia Madre de Dios.

 

La oración queLa Señora nos entregó

 

El 11 de febrero de 1951 María nos entrega una oración referida a estos tiempos tan especiales, donde el Espíritu Santo nos busca con fuerza renovada. Ella pide que se difunda esta oración en todo el mundo, que se la rece con el corazón.

 

Relata Ida: De pronto me encontré de pie ante una Cruz grande. Mientras la contemplo, siento dolores muy intensos. Fue como si todos los músculos de mis brazos se contrajeran, obligándome a cerrar los puños. Sentí como si la cabeza se me desgarrara en pedazos y fuera a explotar, y tuve la sensación de la fiebre. Por todo eso me puse a llorar. No pude soportarlo más y le pregunté a la Señora si podría ser liberada de eso. Duró un poco más y luego todo terminó. Entonces la Señora me dijo: “Todos debemos regresar a la Cruz, sólo entonces reinará la paz y la tranquilidad”.

 

Mientras estoy todavía de pie con la Señora delante de la Cruz, Ella dice: “Repite lo que te digo”. Ello me llamó la atención, pues yo estaba repitiendo todo lo que oía. Pero de pronto vi que la Señora se volvía aún mas hermosa de lo que ya era. La Luz que siempre la rodeaba se tornó más clara y tan brillante, que ya casi no podía mirarla. Entonces Ella levantó sus manos, que tenía casi siempre hacia abajo, y las juntó. Su rostro se transformó en algo tan celestial, tan sublime que simplemente no se puede describir con palabras. Su figura se volvió aún más hermosa y resplandeciente, yo la contemplaba embelesada y pensé: ¿Qué va a venir ahora?. Entonces la Señora me dice: “Reza ante la Cruz”:

 

Señor Jesucristo,
Hijo del Padre,
manda ahora Tu Espíritu sobre la tierra.

Haz que el Espíritu Santo habite
en el corazón de todos los pueblos,
para que sean preservados de la corrupción,
de las calamidades y de la guerra.

Que la Señora de todos los Pueblos,
que un día era María,
sea nuestra Abogada.

Amén

 

María agrega: “Hija, esta oración es tan sencilla y tan corta, que cada persona la puede decir en su propio idioma, ante su propia Cruz. Las personas que no tengan un Crucifijo, pueden rezarla a solas”.

En varias ocasiones nuestra Madre hizo referencia a esta oración, como ocurrió en la aparición del 2 de julio de 1951: “Todos los pueblos deberán honrar al Señor y Maestro en Su Creación. Todos los pueblos deberán pedir que venga el verdadero Espíritu, el Espíritu Santo. Por eso les he enseñado esta breve y poderosa oración. El mundo entero se está corrompiendo. Por eso, las personas de buena voluntad deberán pedir cada día que venga el Espíritu de la Verdad. Yo soy la Señora de todos los Pueblos. Este tiempo es Nuestro tiempo. “Que un día era María” quiere decir que muchas personas han conocido a María como María. Sin embargo ahora, en esta era nueva que va a empezar, quiero ser “la Señora de todos los Pueblos”. Esto todos pueden comprenderlo”.

María nos explica la venida del Espíritu Santo con renovada fuerza, al que todos no solo debemos esperar y llamar sino también permitir actuar en nosotros. Y nos aclara por qué Ella en estos tiempos tendrá, en el plan de Dios, una misión mucho mas activa que en los tiempos previos, con remarcada Presencia. Sus repetidas y duraderas recientes apariciones, nos indican a las claras que Ella es la Capitana del Ejército Celestial en estos últimos tiempos.

 

La conocida imagen de La Señora de todos los Pueblos

La Virgen puso mucho énfasis en la imagen que se debía difundir en relación con la nueva Advocación de Nuestra Señora de todos los Pueblos. Dejemos que sea Ida y la propia María quienes nos relaten como la vemos en Amsterdam, en varios mensajes recibidos en el año 1951:

María describe su imagen de este modo: “Estoy de pie sobre el globo terráqueo y apoyo firmemente mis pies sobre él. También ves con toda claridad mis manos, mi cara, mis cabellos y mi velo. Lo demás está como en la niebla. Ahora te voy a explicar por qué vengo de esta forma. Te he mostrado mi cabeza, mis manos y mis pies como las de un ser humano. Te aclaro: como los del Hijo del Hombre. Ahora te aclararé por qué me aparezco así, de esta forma. Estoy de pie ante la Cruz como la Señora, con cabeza, manos y pies como de un humano, más el cuerpo como el espíritu, porque el Hijo ha venido por la Voluntad del Padre. Pero ahora el Espíritu debe venir sobre el mundo, y por eso yo quiero que se rece. Estoy de pie sobre el globo terráqueo, porque esto concierne al mundo entero”.

Dice Ida: la Señora ahora señala la faja con que Ella ha rodeado su cintura, tengo que mirarla atentamente. “Escucha con mucha atención lo que significa”, dice la Señora. “Es como la faja que cubrió al Hijo. Además estoy de pie como la Señora delante de la Cruz del Hijo”. “El rebaño de ovejas que aparece en la imagen representa a los pueblos del mundo entero, que no hallarán descanso hasta que no se recuesten y contemplen pacíficamente la Cruz, el centro del mundo. Ahora mira mis manos y describe lo que ves”.

Ahora veo como si en el centro de la palma de las manos hubiera habido una herida. De la herida de cada mano brotan tres rayos de Luz que descienden sobre las ovejas. La Señora sonríe y dice: “Estos son tres rayos, los rayos de la Gracia, de la Redención, y de la Paz. Por Gracia de mi Señor y Maestro y por amor a la humanidad, el Padre envió al mundo a Su único Hijo como Redentor. Ahora ambos desean enviar al Santo, al Verdadero Espíritu, que solamente puede ser la Paz. Por lo tanto: Gracia, Redención y Paz. El Padre y el Hijo quieren enviar en este tiempo a María, la Señora de todos los Pueblos, como Corredentora, Mediadora y Abogada” (31 de mayo de 1951).

En Akita, Japón, la Virgen María se manifestó sobre una imagen de madera que representa a La Señora de Todos los Pueblos. La imagen lloró 101 veces.
(ver Akita)

En poco tiempo, ante el pedido de la Virgen, se pintó la imagen y se la difundió rápidamente por el mundo entero junto a la oración. Y en Akita/Japón ésta imagen y esta oración dieron inicio a una aparición que no sólo es confirmación de la aparición de Amsterdam, sino también una continuación de la misma. Akita y Amsterdam, de este modo, están encadenadas bajo el mismo sentido y fundamento.

En estos importantes mensajes, María se nos presenta unida indisolublemente al Espíritu Santo, porque Ella es la llena de Gracia. Pero también anuncia el nuevo rol de María: Corredentora, Mediadora y Abogada. La Madre de Dios está tan unida a la Cruz de Su Hijo, indisolublemente unida, que el rol de Corredentora surge naturalmente. Pero la Iglesia es Corredentora también. Nosotros, como miembros vivos de la Iglesia, debemos acompañar a María en su Corredención, en el camino de la Cruz que Cristo nos propone. María Madre de la Iglesia, de todos nosotros. ¡Meditemos este misterio!

 

María pide el quinto dogma Mariano

A la fecha la Iglesia ha proclamado cuatro dogmas Marianos:

Ella es (1) Madre de Dios y (2) Siempre Virgen. Ella fue (3) Inmaculadamente Concebida y (4) Asunta al Cielo, habiendo sido el último dogma proclamado el de la Asunción: en 1950 el Papa Pío XII nos dio esta enorme alegría a quienes amamos a María.

Pero falta proclamar un dogma, el quinto, el último y más importante, porque es el que une indisolublemente a la Madre con el Hijo. La Iglesia tuvo que esperar a que la escena estuviera preparada para un dogma relativo a la función o rol de María en el trabajo de la salvación, bajo el triple nombramiento de Corredentora, Mediadora y Abogada. Sin dudas que éste, y no otro, es el tema central de los mensajes de Amsterdam: la Señora habla de esto por primera vez poco después de haber enseñado la oración al Espíritu Santo.

“Yo estoy de pie aquí y deseo ser la Señora de todos los Pueblos, no sólo de un determinado pueblo, sino de todos. Ahora te voy a explicar de nuevo algo, pero escucha con atención. Trata de comprender el significado del contenido de este mensaje. Yo estoy de pie ante la Cruz, con la cabeza, las manos y los pies como los de un ser humano. Mi cuerpo, en cambio, es como salido del Espíritu. ¿Por qué estoy así?. Mi cuerpo fue llevado al Cielo, como el de mi Hijo. Ahora me encuentro ofreciendo ante la Cruz, porque yo he sufrido con mi Hijo espiritualmente y también, de un modo especial, corporalmente. Este será un dogma muy combatido”.

Ida manifiesta temor de transmitir este mensaje, por lo cual María le dice:

“Hija, comunica esto y di que con este dogma se concluyen los dogmas Marianos. Ya lo he dicho: la Teología debe hacer paso a los asuntos de mi Hijo. Con esto quiero decir: teólogos, el Hijo va buscando lo pequeño y lo sencillo para Su obra. ¿Creéis vosotros en lo pequeño y lo sencillo, que vosotros enseñáis a los demás?. ¡Creed con sencillez!. No podemos esperar mucho más tiempo. Este tiempo es nuestro tiempo” (1 de abril de 1951).

Muchas veces volvió María a hablarle a Ida sobre la importancia de este nuevo dogma, y su contenido, como el 2 de julio de 1951:

“Como Corredentora, Mediadora y Abogada estoy de pie sobre el mundo ante la Cruz del Redentor. Por la Voluntad del Padre el Redentor vino al mundo, para esto el Padre se sirvió de la Señora. Por lo tanto, el Redentor recibió de la Señora solamente –y subrayo la palabra “solamente”- la carne y la sangre, es decir, Su Cuerpo. De mi Señor y Maestro, El Redentor recibió Su Divinidad. De esta manera, la Señora se hizo Corredentora. He dicho que “este tiempo es nuestro tiempo”, lo cual significa que el Padre y el Hijo quieren en este tiempo enviar al mundo entero a la Corredentora, Mediadora y Abogada”.

Recordando que la propia Madre de Dios entrega este mensaje a Ida (y a todos nosotros) poco tiempo después de proclamado el cuarto dogma (la Asunción), María coloca en prioridad la importancia de proclamar el quinto dogma como finalización de la misión de la Iglesia respecto de los dogmas Marianos, verdadera Corona de la Reina del Cielo. Ella dijo el 15 de agosto de 1951:

“Hoy vengo como la Señora de todos los Pueblos. Yo aplasté la serpiente con mi pie. Estoy unida al Hijo, como siempre lo he estado. En la historia de la Iglesia, este dogma (el dogma de la Asunción de la Virgen María al Cielo) ha precedido al nuevo dogma. Como Corredentora, Mediadora y Abogada estoy ahora en este tiempo, nuestro tiempo. El dogma de la Asunción tuvo que precederlo. Vendrá seguidamente el nuevo dogma, el más grande. En este tiempo, el Sacrifico está y estará en el centro del mundo”.

Dice Ida: ahora la Señora se aparta de la Cruz y yo de nuevo me siento llenar de violentos dolores. A continuación, la Señora se vuelve a poner ante la Cruz, y yo siento una gran compasión al contemplar sus sufrimientos. Veo entonces una luz intensa que brota de la Cruz. La Señora dice: “Los hombres le han sido encomendados a la Madre. Pues el Hijo ha dicho: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo, hijo, ahí tienes a tu Madre”. Por lo tanto, es Corredentora, Mediadora y Abogada. Di esto a tus teólogos. Diles que quiero ser y que seré la Corredentora, Mediadora y Abogada”.

Luego de muchos años de discusiones y de pedidos referidos a este dogma, aún estamos esperando su proclamación. Pero María nos tranquiliza cuando profetiza lo que va a ocurrir, en su mensaje del 29 de abril de 1951:

“Ya lo dije, que ocasionará muchas controversias. Te lo repito, la Iglesia, Roma, lo sostendrá y luchará. La Iglesia, Roma, encontrará resistencia, pero permanecerá firme. La Iglesia, Roma, será cada vez más poderosa y firme, a medida que resistirá en la mucha. Mi intención y el encargo que te doy no son sino para que exhortes a la Iglesia y a los teólogos a que emprendan esta lucha. Yo sé, la lucha será dura y grande”. Ida ve a la Señora sonreír para si misma, y como si mirara a lo lejos, dice: “Pero ya está decretado”.

Uno de los motivos que actualmente motivan a algunos teólogos a sugerir la postergación de la proclamación de este importante dogma, pedido por María, es el intento de unir a las ramas perdidas del Cristianismo. Algunos dicen que elevar de este modo a María podría alejar a las iglesias protestantes. Pero, ¿qué sentido tiene promover una unión que no se fundamente en los cimientos que el propio Dios nos indica?. La unión debe ser verdadera y sólida, respetando todos los Sacramentos que Jesús nos dejó, pero también dejando a María el rol central que Jesús exige para Ella.

María misma completa la profecía dando a Ida los detalles de la futura proclamación que todos esperamos con esperanza y fe: el 31 de mayo de 1954 la Señora muestra como un día 31 de mayo, en el futuro, se realizará la proclamación de este dogma. En una visión Ida tuvo el privilegio de asistir por adelantando a la proclamación del nuevo dogma:

“Aquí estoy de nuevo. La Corredentora, Mediadora y Abogada se encuentra ante ti. Yo he escogido este día, en este día tendrá lugar la coronación de la Señora. Teólogos y apóstoles de nuestro Señor Jesucristo, poned atención. Yo ya os he explicado el dogma. Trabajad y pedid este dogma. Pedid al Santo Padre por este dogma. El Señor Jesucristo ha hecho grandes cosas y aún hará cosas mayores para todos vosotros en este tiempo, en este siglo veinte. Ese día, la Corredentora, Mediadora y Abogada recibirá su titulo oficial de Señora de todos los Pueblos. Fíjate bien: estos tres conceptos en un único gesto. Estos tres”.

Y ahora Ida se encuentra de repente de pie con la Señora sobre la cúpula de una gran iglesia. Mientras entran, escucha que la Señora le dice: “Te traigo conmigo aquí dentro. Cuenta lo que te hago ver y oír”. Ida dice: nos encontramos en una iglesia muy grande, en San Pedro. Veo muchos cardenales y obispos reunidos. En ese momento entra el Papa. Es un Papa que yo no conozco. Lo llevan en una especie de silla, pero luego va de pie. La gente lo aclama jubilosamente, el coro empieza a cantar. Ahora el Santo Padre anuncia algo en un idioma que yo no entiendo, teniendo levantados dos dedos. De repente la Señora está nuevamente de pie sobre la tierra, sonríe y dice:

“Así que te he dejado ver, hija mía, lo que es la Voluntad del Señor Jesucristo. Ese día será el día de la Coronación de Su Madre, la Señora de todos los Pueblos, que un día era María”.

De este modo María nos pone una meta a todos los que la amamos. Millones de firmas de cardenales, obispos y fieles se han reunido pidiendo al Santo Padre la proclamación del quinto dogma. Muchos libros se han escrito sobre el tema, y se discute la oportunidad y conveniencia de la proclamación.

¡Oremos por la pronta proclamación de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, porque Ella nos ha prometido la Paz de Jesús para ese momento!

María le habla a las mujeres y hombres de estos tiempos

María dijo a las mujeres de éstas épocas:

“Mujeres de este mundo, ¿sabéis vosotras qué significa ser mujer?. Significa sacrificarse. Despréndanse de su egoísmo y vanidad y preocúpense de llevar a todos los niños a lo más importante, a la Cruz. Sacrificáos también vosotras” (31 de mayo de 1951). “¿Conocéis todavía vuestra tarea?. Escuchad bien: como es la mujer, así es también el hombre. Vosotras, mujeres, tenéis que dar ejemplo. Volved a vuestra femineidad” (10 de diciembre de 1950).

Y también les habló a los hombres:

“Y ahora me dirijo a los hombres de este mundo. Yo les digo: de vosotros, los hombres, tiene que venir la fuerza y la voluntad de llevar al mundo hacia el único Príncipe de este mundo, el Señor Jesucristo” (31 de mayo de 1951). “Tengo que haceros una pregunta, hombres: ¿dónde están los soldados de Cristo?. Eso es todo lo que tengo que deciros” (10 de diciembre de 1950).

 

¿Qué dijo la iglesia sobre Amsterdam?

El 31 de mayo de 1996 el Obispo de Haarlem, diócesis de Amsterdam, Monseñor Hendrick Bomers y el Obispo auxiliar, Monseñor Punt, publicaban una declaración según la cual no tenían nada que objetar a la devoción pública de Nuestra Señora de Todos los Pueblos, dándole su aprobación eclesiástica oficial. La vidente Ida Peerdeman, testigo ocular de las apariciones de la Santísima Virgen en Amsterdam desde 1945 a 1959, y que en ese momento contaba 90 años, estaba presente.

Y finalmente, el 31 de mayo del 2002, la aparición fue aprobada como de “origen sobrenatural” por el obispo José María Punt de Haarlem-Amsterdam (Holanda). El obispo dijo que eran una “ayuda para entender los signos de los tiempos y vivir mas fielmente el Evangelio, ya que los signos de nuestros tiempos son dramáticos. La devoción a nuestra Señora de Todos los Pueblos puede ayudarnos, en mi sincera convicción, a guiarnos en el camino correcto, durante el presente drama de nuestros tiempos, el camino hacia un nuevo y especial derramamiento del Espíritu Santo, el único que puede sanar las grandes heridas de nuestro tiempo”.

El 10 de mayo de 1953 la Virgen le da a Ida un mensaje para el Santo padre: “Hoy traigo un mensaje especial. Pídele al Santo Padre que rece la oración… y que enseñe a los pueblos a rezarla. Dile: Apóstol de Nuestro Señor Jesucristo, enseña a tus pueblos esta oración tan sencilla y tan profunda a la vez. Es María, la Señora de todos los Pueblos, quien te lo pide. Tú eres el Pastor de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo. Cuida tus ovejas. Has de saber que grandes peligros amenazan a la Iglesia y al mundo. Ahora ha llegado el momento en que hables de María como Corredentora, Mediadora y Abogada, bajo el título de la Señora de todos los Pueblos. ¿Por qué te lo pide María?. Porque Ella ha sido enviada por su Señor y Creador, para poder salvar el mundo, mediante esta oración y este título, de una gran catástrofe mundial. Tú sabes que María quiere venir como la Señora de todos los Pueblos. Ahora ella te pide que los pueblos puedan oír este título de ti, del Santo Padre”.

 

La Corredentora

Un buen número de personas se ha tomado en serio este encargo de María, y han escrito al Santo Padre pidiendo la proclamación del dogma. Especialmente grupos como Vox Populi Mariae Mediatrici han sido constantes en buscar firmas para este fin. A pesar de la oposición de clérigos y laicos que no están de acuerdo con la proclamación de este nuevo dogma, más de cuatro millones de fieles, alrededor de cuatrocientos setenta obispos y cuarenta cardenales han enviado su petición al Santo Padre. La Madre Teresa de Calcuta era una gran defensora de Nuestra Señora, y firmó el pedido de consagración del dogma.

Mucha gente llama cariñosamente a la advocación de Nuestra Señora de todos los Pueblos como La Corredentora. Quizás este nombre es una síntesis de lo que Ella nos vino a pedir allí. Las últimas apariciones, las cuales tuvieron lugar casi todas los días 31 de Mayo, constituyen una grandiosa conclusión de todos los mensajes. En estas visiones celestiales la Señora enseña el camino que la humanidad deberá seguir, el camino que conduce al gran Misterio de la Eucaristía, el Milagro diario.

Unámonos a las millones de voces que piden que Nuestra Madre Celestial sea proclamada

CORREDENTORA, MEDIADORA DE GRACIAS Y ABOGADA