La fe en Dios lo sacó del infierno

rezar caminando (ft img)

Uno de los músicos más reconocidos en Argentina, Juanse, ex líder de la banda “Ratones paranoicos“, nos habla sobre su presente y su show con los Ratones Paranoicos en el último Cosquín Rock. Además, habló de los excesos durante su etapa más rockstar y de su fe hacia Dios que lo sacó del infierno.

Llega sobre la hora con su look habitual: gorra, lentes y un buzo oscuro con capucha. Lo acompañan Las Fieras Lunáticas, el resto de los músicos con los que comparte escenario desde su salida de Ratones Paranoicos. Como quien incursionó en la música desde muy chico (a los 8 años agarró la guitarra), estudia los movimientos y se anticipa a las preguntas. “No vine a hablar de Ratones”, aclara mientras se sienta y bebe una botella de agua. En el fondo, sabe que su pedido se vuelve imposible, y más por la reciente presentación de la banda en Cosquín Rock.

La primera pregunta apunta a eso, a la banda que recorrió el mundo y que él mismo fundó con apenas 11 años en Villa Devoto. Minutos antes de subir al escenario de Espacio Clarín para tocar sus mejores temas, Juanse se expresa sobre Mar del Plata: “Venir a esta ciudad es reivindicar viejas épocas. Creo que los argentinos deberíamos tener un parate anual y descansar acá para que el turismo crezca. Y si encima hay rock and roll, mejor”.

—¿Cómo viviste volver a tocar con el resto de Los Ratones en Cosquín?

Estuvo muy bueno. La pasamos muy bien y estamos siempre alertas.

—Es inevitable que no te pregunte por Ratones con quienes compartiste casi 30 años de tu vida. ¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando te nombran a la banda?

Banda JuanRock and roll puro, en su estado más esencial que es el del trabajo, el compañerismo, y haber estado muchos años juntos en la ruta, en todos los lugares del mundo. Prácticamente nos quedó solamente Israel, Rusia y todo lo que es el Gofo Pérsico. (Se ríe) Uno cuando es chico tiene esa imaginación infantil de decir: ´¿Qué voy a hacer o qué me va a pasar? Me gustaría esto o lo otro´. Una vez soñé que manejaba una moto por una autopista que recién ahora tiene la forma que imaginé en aquel sueño y otra vez soné que estaba en España y jamás había ido en mi vida. Después de muchos años decís: ´Estuve en tantos lugares. Soy un agradecido de Dios por todo´.

—Bueno, pero todo lo que soñaste lo fuiste alcanzando. Habrás imaginado ser un rockstar y llegaste a serlo…

Sí, pero fue otra situación y otro momento de la vida. En la adolescencia uno se va poniendo objetivos, pero hay que demostrar también cómo construis tu vida alrededor de otros valores.

–¿Cuál fue tu mayor salto en lo personal durante el cambio de Los Ratones a Las Fieras?

Ratones nunca fue una banda ni premiada ni reconocida. Obviamente hemos vendido millones de discos, cosa que no es habitual en el mercado argentino y menos siendo una banda de rock and roll. Grabé un disco solista que se llamaba “Energía divina” y fue la primera vez que me nominaron para un Grammy y no fui ¡obviamente! Ahí me di cuenta que también hay una opción en todo y no me refiero al premio, sino a la forma en que uno encara su propia vigencia interior. Si el artista quiere permanecer, tiene que reconocerse a sí mismo como vigente y no traicionarse nunca.

—Mencionas mucho la falta de reconocimiento a Los Ratones, ¿sentís una cierta decepción por eso?

No, para nada, estamos contentísimos con eso. Por eso duramos 30 años porque es justamente lo que hace que el rock and roll funcione. A Chuck Berry nunca le dieron nada. Ahora está en el hall de la fama, pero jamás fue reconocido. Y mucho menos pretendería ser premiado ahora.

—¿Ser solista fue para vos una realización personal?

Sí, es lo más lindo que hay. Desde lejos, se puede confundir con cierto egoísmo, pero es al revés: le estás dando posibilidades a otros músicos de estar con vos. Obviamente el público busca también material de Los Ratones porque es lo que me hizo llegar hasta acá y hablar con vos. La otra cosa que está buena es que no estamos obligados a romper ningún récord de nada. Tocar con la gente que uno quiere no tiene precio.

—¿Te pesa más el fanatismo de la gente?

No, porque no me exhibo y estoy tranquilo. Tengo mis actividades normales como cualquier persona. Sí reconozco que ser famoso es como ser Batman; de golpe tenes que ponerte el traje y salir con el batimóvil, pero así es este oficio y trato de santificarlo de la mejor manera posible.

—Como rockstar habrás tenido tus momentos de excesos ¿no?

La imagen del rockstar reventado ya está un poco perimida.

—¿Tocaste fondo alguna vez?

Sí, porque yo era una especie de maestro esotérico entonces llegué a creer que tenía mucho poder. Lo que más le agradezco a Dios es haberme sacado del infierno.

—¿Fue esa tu mayor lucha de vida?

No, no me costó nada porque tengo a Cristo y a la Virgen conmigo. Ellos hicieron que yo cambiara.

—¿Tu apego a la fe fue de siempre?

Sí, de siempre. Vos fíjate lo fuerte que es que me lo siguen preguntando. Es una manifestación de la cual doy testimonio permanentemente porque yo tampoco la comprendo ni pretendo comprenderla, sino que la siento. Sí trato de comunicarle a los demás que se puede hacer todo lo que uno hace en su vida habitual, pero santificando todo, desde lavar un vaso hasta tocar o construir un edificio.

—¿El rock nacional está muriendo para vos?

No sé, yo todavía me siento bien (ironiza). Ya van a aparecer nuevas bandas, siempre aparecen.

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Fuente: Clarín