SAN IGNACIO DE LOYOLA, VASCO UNIVERSAL Por Jesus Marti Ballester
Era muy buen escribano, escribe el Padre Rivadeneira, pero los libros le dejaban indiferente. Mas le importaba jugar a los naipes, cuidar su ondulada cabellera rubia, esgrimir la lanza y galantear. Fue procesado por sus graves desordenes; se le vio, en Pamplona, arremeter calle abajo contra una multitud que no le guardo las debidas consideraciones, "y si no hubiera quien le detuviera, o matara a algunos de ellos, o le mataran". Era, dicen los mismos companeros de su vida cristiana, hombre metido en todas las vanidades del mundo, soldado ducho en travesuras juveniles y mozo polido, amigo de galas y buen vividor. No obstante, se hacia querer de todos, "porque era recio y valiente, muy animoso para emprender cosas grandes, de noble animo y liberal, y tan ingenioso y prudente en las cosas del mundo, que en lo que se ponia y aplicaba se mostraba siempre para mucho". La gran pasion de Inigo a los veinte anos era la guerra. Guerreando estaba en Pamplona en 1521 como ayudante del duque de Najera, cuando los franceses sitiaron la ciudad. Tratabase ya en el castillo de rendirse, cuando Loyola se interpuso defendiendo la resistencia hasta la muerte. Resistio, efectivamente, como un heroe, hasta que una bala de canon le dejo destrozada una pierna y herida la otra. Obligado a capitular, el herido fue colocado en una litera y conducido a Loyola. Alli empezo la cura de los cirujanos. Quisieron atarle, como se acostumbraba en semejantes operaciones, pero el no lo consintio; sereno e inmovil, aguanto la espantosa carniceria. Solo un momento se le vio apretar fuertemente los punos. Pronto advirtio que debajo de la rodilla le quedaba un hueso saliente, y no estuvo dispuesto a sufrirlo. Le advirtieron que su desaparicion le produciria dolores atroces, pero no estaba dispuesto a hacer el ridiculo en los torneos y en las fiestas cortesanas. Y por segunda vez ofrecio su pierna a la sierra con valor estoico, y la oyo rechinar en su cuerpo sin inmutarse; "todo -dice Rivadeneira-, poder traer una bota muy justa y muy polida, como entonces se usaba".
EL RENACIMIENTO
Cuando entre los anos 1491-1556, la corrupcion del Renacimiento invadia hasta la misma catedra de Pedro, cuando el fermento de la Reforma protestante hervia en las Universidades alemanas, Dios llamo al hombre destinado a oponer un dique a esa doble inundacion. Es un gentilhombre espanol, nacido en el seno de una noble familia guipuzcoana. Engastada en una soberbia iglesia barroca, se levanta todavia la casa solariega de su linaje, como una fortaleza medieval. Inigo, el hijo de Beltran Yanez de Onaz y Loyola, no piensa todavia en conquistas evangelicas. Con su temperamento vehemente, audaz y ambicioso, aspira al brillo de los honores y a la gloria de las armas. Desde su adolescencia tiene un protector poderoso, el noble caballero de Arevalo Juan Velazquez de Cuellar, contador mayor de Castilla. Con el vive unas veces en Arevalo y otras en la corte, entre companeros que seran grandes politicos o famosos conquistadores. Es un paje apuesto, generoso y batallador, con los vicios y virtudes del guerrero espanol de su tiempo. Cuentan que la mujer del contador le decia:
"Inigo, no asesaras hasta que te quiebren una pierna." Soldado desgarrado y sin letras, le llamara el Padre Granada.
EL PODER DE LOS LIBROS
Para entretener el ocio de la convalecencia, pidio que le trajesen libros de caballerias, el Amadis, o algun otro de los que hacian las delicias de la juventud, pero en casa del senor de Loyola no se encontraban estas obras profanas, y, por darle algo, le ofrecieron un "Flos Sanctorum" y la "Vida de Cristo", del Cartujano. Estas lecturas empezaron a despertar en su alma sentimientos de noble emulacion. Inclinado a las mas quimericas empresas, veia abrirse ante sus ojos un mundo de heroismos mas vasto que el que se vivia en Europa. ?Por que no habia de hacer el lo que hicieron los santos?
?Por que no habia de vestir de saco, comer hierbas y sufrir los tormentos de los martires? Entusiasmado con su lectura, se le oia exclamar: "Santo Domingo hizo esto, pues yo lo tengo de hacer; San Francisco hizo esto, pues yo lo tengo de hacer." Pero apenas cerraba el libro, caia sobre el el tumulto de los pensamientos mundanos, y se pasaba largas vigilias sonando hazanas, fantasias y vanidades. Estaba enamorado. La senora de sus pensamientos era mujer de alta alcurnia, cuyo nombre nunca quiso descubrir, aunque hay quien dice que era la viuda del Rey don Fernando el Catolico, Germana de Foix. "Tan poseido en ella tenia el seso, que se estaba embebido en pensar en ella dos, tres y cuatro horas sin sentirlo, imaginando lo que habria de hacer en su servicio; los medios que tomaria para poder ir a la tierra donde ella estaba; los motes, las palabras que le diria; los hechos de armas que haria por ella; y estaba con esto tan envanecido, que no miraba cuan imposible era poderlo alcanzar: porque la senora no era de vulgar nobleza, ni condesa, ni duquesa, mas era su estado mas alto que ninguno destos." Solicitado por ideas tan diversas, empezo a examinarlas y compararlas entre si, notando que las del mundo, aunque le deleitaban, dejaban su corazon triste y vacio, mientras que las de Dios le llenaban de consuelo y alegria. Poco a poco la gracia iba trabajando su espiritu, hasta que vino al fin la resolucion irrevocable, una resolucion como sabia tomarlas aquella voluntad indomable.
LA CONVERSION
Una noche, se levanto del lecho, se postro de rodillas ante una imagen de la Virgen, y prometio renunciar a sus antiguas vanidades. El caballero mundano quedaba convertido en soldado de Dios. Fue una conversion radical, integral, definitiva. El nunca habia tenido la menor duda sobre su fe catolica; sentia particular devocion al principe de los Apostoles, y hasta le canto en trabajosos versos al mismo tiempo que a las damas; pero desde este momento su vida entera quedo consagrada al servicio de Dios. Su primer pensamiento fue peregrinar a Jerusalen; luego se le ocurrio entrar en la Cartuja de Miraflores. Las horas que antes gastaba pensando en su dama, las dedica ahora a orar, contemplando la noche estrellada y repitiendo aquella exclamacion favorita: "?Cuan baja me parece la tierra cuando miro al cielo!". Sigue leyendo las Vidas de Cristo y de los santos, y para no olvidar los buenos pensamientos que se le ocurren, anota en un libro los hechos, las ideas, los afectos piadosos que agitan su corazon y su mente durante la lectura.
EL DON DE LA PUREZA
Escribe en su Autobiografia: "Y ya se le iban olvidando los pensamientos pasados con estos santos deseos que tenia, los cuales se le confirmaron con una visitacion, de esta manera. Estando una noche despierto, vio claramente una imagen de nuestra Senora con el Santo Nino Jesus, con cuya vista por espacio notable recibio consolacion muy excesiva, y quedo con tanto asco de toda la vida pasada, y especialmente de cosas de carne, que le parecia habersele quitado del anima todas las especies que antes tenia en ella pintadas. Asi, desde aquella hora hasta el agosto de 53, que esto se escribe, nunca mas tuvo ni un minimo consenso en cosas de carne; y por este efecto se puede .juzgar haber sido la cosa de Dios, aunque el no osaba determinarlo, ni decia mas que afirmar lo susodicho. Mas asi su hermano, como todos los demas de casa, fueron conociendo por lo exterior la mudanza que se habia hecho en su anima interiormente". Comenta el Padre Victoriano
Larranaga: "Esta gracia extraordinaria tuvo lugar estando en su cama enfermo. Asi lo indica la circunstancia de la hora: "Estando una noche despierto." Y lo confirma el hecho, poco despues registrado, de cuando comenzo a levantarse un poco por casa. Una transformacion radical y perpetua en materia de pureza, unida a una "consolacion muy excesiva", fue el sello sobrenatural que quiso poner el cielo a la conversion de San
Ignacio: desde ese momento pasaba a ser la casa-torre de Loyola "la santa casa" que veneraran los siglos. Los efectos producidos interiormente en su alma se inician visibles aun a los ojos de sus familiares, y el tiempo que con ellos conversaba "todo lo gustaba en cosas de Dios, con lo cual hacia provecho a sus animas". Es entonces tambien cuando empieza a dedicar parte de las 'horas del dia a la oracion a tomar los apuntes de las vidas de Cristo y de los Santos.
EL PEREGRINO.
Despues de muchos meses de forzado encierro, empieza su mistica aventura.
Se arrodilla primero ante la Virgen de Aranzazu, va luego a Navarrete para despedirse del duque de Najera, su antiguo protector; alli se separa de sus criados, solo, montado en una mula. Cuando se dirige en peregrinacion a Montserrat, una alegria intima llena su alma; medita penitencias, peregrinaciones y hazanas por Cristo; y para reparar su vida de pecado, se disciplina cada dia hasta derramar sangre. En Montserrat se confiesa durante tres dias; escribe luego su confesion, regala su mula al monasterio y cuelga la espada y la daga ante el altar de la Virgen. El soldado vanidoso y ambicioso ha muerto para siempre y ha nacido el general de la Compania de Dios. Aqui empieza la parte mas dramatica de su vida. Su antiguo ardor belico se dirige ahora contra si mismo y contra los enemigos de la fe. Falto poco para que en el camino de la montana no apunalase a un moro que atacaba la perpetua virginidad de Maria. Extremoso en todo, quiso practicar todo lo que habia leido de los heroes del cristianismo. El 24 de marzo de 1522 hallo un pobre andrajoso, le dio sus vestidos de caballero, y se vistio un traje que consistia en un saco de canamo, un pedazo de cuerda para cenirlo y una alpargata de esparto para el pie derecho, que era el de la herida. Con estas galas y en la mano el bordon rematado en una calabaza, paso una noche al pie del altar de la Virgen, segun la costumbre de velar las armas de los caballeros medievales. Cojeando penosamente, llega a Manresa. Alli vive en un hospital, y se pasa las horas muertas rezando en una gruta. Mal formado todavia en la vida del espiritu, se imagina que toda la santidad esta en la mortificacion; pasa siete horas en oracion de rodillas, come lo que le dan de limosna, se disciplina tres veces al dia, y el, antes tan ufano en cuidar su persona, se deja ahora crecer las unas y el cabello. Se rien de el, pero el lo sufre con paciencia. Nadie sabe su nombre. Por las finas facciones de su rostro, las gentes empiezan a sospechar en su vida algun misterio. El solo se llama el Peregrino.
EN TIEMPOS DE TURBACION
Despues de cuatro meses de una serenidad imperturbable, entra su alma en los mas terribles combates de la vida interior. Va a empezar su noviciado.
El enemigo le decia: "?Quien resiste una vida semejante durante treinta anos?". Pero esta prueba se le desvanece con esta sencilla respuesta:
"?Quien me asegura que voy a vivir una sola hora?". No tardo en advertir en medio de la oracion olas terribles de tedio y amargura, que empezaron a hacerle dudar sobre el camino que habia emprendido. Siguieron despues los escrupulos sobre su confesion, acompanados de tales congojas, que hasta tuvo la tentacion de arrojarse por un barranco. Se le veia llorando en su habitacion y pidiendo a gritos el socorro de la divina misericordia. En aquel terrible trance, resolvio no comer ni beber hasta recobrar la calma.
Despues de una semana, le echaron de menos unas mujeres piadosas que escuchaban sus consejos, y tras muchas pesquisas le encontraron en una ermita de la Virgen, tan extenuado, que no podia andar ni tenerse en pie, y fue preciso que el confesor le negase la absolucion, para hacerle tomar alimento.
LA CONSOLACION
Despues se sintio repentinamente inundado de paz y alegria. Llegaron los dias de los regalos y las consolaciones. Escribira en sus Ejercicios: "En tiempo de turbacion, no hacer mudanza". Segun el mismo lo declara, "Dios trataba a su siervo de la misma manera que un maestro trata a un nino de la escuela a que instruye". "Aunque no existieran los libros santos -anadia- estaria dispuesto a dar la vida por las verdades que en ellos se ensenan, solo por lo que en la contemplacion se me ha comunicado." Un dia, contemplando las cosas divinas en las cercanias de Manresa, se sento en el camino, que pasa a la ribera del rio Cardoner, y estuvo mirando el agua.
"Alli -dice el Padre Lainez- aprendio en una hora mas de lo que hubieran podido ensenarle todos los sabios del mundo." Recuerda aquellos versos del Doctor Mistico: "Este saber no sabiendo / es de tan alto poder / Que los sabios arguyendo / jamas le pueden vencer / que no llega su saber / a no entender entendiendo, / toda ciencia trascendiendo". Tenia visiones, coloquios con los bienaventurados y raptos de ocho dias. Se habia convertido en un maestro de la vida espiritual, y un grupo de mujeres, que los maliciosos llamaban las "Inigas", practicaban los Ejercicios espirituales bajo su direccion.
EL LIBRO DE LOS EJERCICIOS
Asi nacio un librito breve y compendioso, escrito en un lenguaje sencillo e inteligible. Asi nacio el Libro de los Ejercicios. Sumergido en la meditacion de las verdades eternas o zarandeado por las tempestades interiores, Ignacio no cesaba de estudiar y analizar los diversos estados de su espiritu. "El Peregrino -decia mas tarde a uno de sus companeros -observaba en su alma ya estos, ya aquellos afectos y se aprovecho de ello, y por ahi vino a pensar que podrian bien aprovechar a otros, y por eso escribio los Ejercicios". Al principio, lo unico que le importaba era conocer la voluntad divina y cumplirla perfectamente; despues coordino sus experiencias, y al salir de la gruta completamente transformado, se encontro con un metodo espiritual que podria obrar en los otros una transformacion analoga a la suya. La sustancia de esa obra, que resume el trabajo intimo realizado en su alma, data de estos dias de Manresa. Mas tarde, los experimentos que hizo con los otros le permitieron perfeccionar su sistema, que siguio enriqueciendo con nuevas aportaciones durante sus estudios teologicos y en el periodo italiano de su vida.
EFICACIA MARAVILLOSA
La experiencia de los siglos ha confirmado su eficacia maravillosa para transformar y educar a las almas. Las causas de esta influencia, aparte del poder de la gracia, hay que buscarlas en la combinacion y ordenacion logica de los diversos ejercicios, en el metodo, en la sabia disposicion de las materias, fruto de un estudio profundo del alma humana. Escuela incomparable de hombres, de cristianos y de apostoles, los Ejercicios no son para leidos, sino para practicados. Entonces es cuando tienen su eficacia, cuando producen corazones como los de San Francisco Javier, San Francisco de Regis, San Francisco de Sales, San Carlos Borromeo o San Pedro Canisio y un largo etcetera. Criticos de todas las ideas han reconocido en ellos un edificio de armonioso, una verdadera obra de arte, de unidad perfecta, un genero enteramente nuevo y peculiar. Todo resumido en la invitacion de Cristo: "Toma tu cruz y sigueme.", cuya esencia es el "abneget", la renuncia. Sin embargo, lejos de abatir las fuerzas naturales, las intensifican, purificandolas de lo inferior y bestial, dirigiendolas hacia un ideal mas alto, y potenciandolas con la ayuda de la gracia. Si dan la paz al alma, no es por el aniquilamiento de la voluntad personal; ya que su efecto es siempre un robustecimiento de la personalidad, orientada y polarizada en Dios. Son la obra maestra de una pedagogia. Se ha reprochado la excesiva importancia que se da en ellos al razonamiento, se ha dicho que la meticulosidad de las reglas es contraria a la operacion del Espiritu.
Pero es que San Ignacio ve en el razonamiento la base solida de toda conviccion. Para el no puede existir renovacion sin conviccion profunda.
Por lo demas, su metodo, con todas las apariencias de regularidad mecanica, es siempre respetuoso con los movimientos del Espiritu, "que mueve a su anima devota". Hay que tener tambien presente que el solo establece el metodo de la oracion ordinaria. Aunque conocia las alturas de la contemplacion, no se ocupa en lanzar el alma hacia ellas. Para el la perfeccion de la vida espiritual no consiste propiamente en la union con Dios por medio de la oracion. Solia decir que, de cien personas de oracion, las noventa vivian enganadas. Consideraba que se daba mas gloria a Dios con la imitacion perfecta de Cristo en la vida apostolica, y a esta imitacion dirige los Ejercicios, haciendola consistir en la renuncia al bienestar del cuerpo y en la mortificacion total del amor propio y del amor del mundo.
CONTEMPLATIVO EN LA ACCION
El periodo mistico de Manresa solo fue un episodio en la vida militante de San Ignacio. Hombre de accion, se lanzo en busca de su destino. No ha llegado a verlo todavia con claridad. Durante algun tiempo se cree llamado a predicar la fe entre los infieles. Visita los Santos Lugares y decide permanecer en Oriente ensenando a los mahometanos, pero el provincial de San Francisco en Jerusalen le obliga a venir a Europa, temiendo que su celo provocase algun conflicto. En 1524 reaparece en Barcelona estudiando latin con los ninos de la escuela. Comprendiendo su necesidad de instruccion religiosa y humanistica, se entrego ardorosamente a conseguirla, a pesar de que el demonio le acometia con toda clase de pensamientos devotos y dulzuras interiores cuando cogia la Gramatica. Siendo tan mayor entre ninos el maestro le trataba con consideracion, hasta que un dia le rogo con ahinco que le tratase como al menor muchacho de sus discipulos, y que cuando le viese flojo y descuidado, le castigase y azotase como a los demas. Con el mismo entusiasmo empieza en Alcala el estudio de la Filosofia y de la Teologia.
ESTUDIANTE Y BUSCADOR DE ALMAS
Pero a la vez que estudiante, era un fogoso apostol. Un grupito de gentes piadosas escuchaba sus consejos e imitaban su vida. Algunos de sus companeros y devotos caminaban descalzos como el y vestian el mismo sayal pardo y grosero, que les valio el apodo de ensayalados. En los circulos eclesiasticos y universitarios se discutia al extrano penitente, que producia repentinos cambios de vida. Unos le veneraban como a santo, otros empezaban a sospechar si seria uno de aquellos alumbrados fanaticos que, entre supuestas revelaciones, sembraban los mas absurdos errores. No tardo en estallar la persecucion: Ignacio tuvo que tenir su sayo, disolver su grupo, calzar sus pies y resignarse a vestir como los demas. A todo obedecio puntualmente; pero habiendose reproducido las sospechas, se le abrio un proceso canonico y se le encerro en la carcel, donde permanecio dos meses. El rehusaba defenderse pero hablaba a los inquisidores con la libertad propia de su caracter. -"?Que mal habeis hallado en mi, despues de tanto inquirir?" preguntaba al Vicario de Alcala. -"Nada -contesto el interpelado-; si algo se hallara en vos, os castigaran y aun os quemaran".
Respondio Inigo: -"Asi os quemaran a vos si errarades". -"Es anssi"
-replico secamente el Vicario. Reconocida su inocencia, Ignacio paso de Alcala a Salamanca. Alli tambien fue acusado, procesado y encarcelado veintidos dias en un aposento viejo, destartalado, sucio y maloliente, con una cadena de doce palmos a los pies, y sin poder dormir "por la gran multitud de bestias varias". "?No sabia, dijo, que fuera tan peligroso predicar a Cristo a los cristianos". Absuelto una vez mas por las autoridades eclesiasticas, dejo aquella Universidad y se dirigio a la de Paris, montado en un asno, que llevaba sus libros y cartapacios. Llego el 2 de febrero de 1528, y paso aun siete anos escuchando a los doctores de la Sorbona. Vivia de la limosna que le mandaban los mercaderes espanoles de FIandes. A los tres anos obtuvo el grado de maestro en filosofia. Durante las vacaciones viajaba hasta Brujas, Amberes y Londres para recoger limosnas. La mirada de aquel colegial viejo, cojo y desarrapado seducia de una manera irresistible. En Barcelona, en Alcala, en Salamanca habia encontrado discipulos que sufrian el enojo de sus familias por seguirle e imitarle. Lo mismo sucedia en Paris. El primero que se le junto fue su companero de celda en el colegio de Santa Barbara, el saboyano Pedro Fabro.
Despues gano el alma ardorosa del joven profesor navarro Francisco Javier.
Siguieron Diego Lainez y el toledano Salmeron, el portugues Rodrigues de Acevedo y el joven Alfonso de Bobadilla, palentino.
MONTMARTRE
El 15 de agosto de 1534, seguido por estos seis, en la colina de Montmartre, en una capilla, dedicada a San Dionisio, perteneciente a las monjas benedictinas, oyeron la misa celebrada por Pedro Fabro, que era el unico sacerdote. A la comunion, Fabro se volvio a sus companeros con la sagrada Hostia en la mano. Arrodillados los seis en torno del altar, fueron pronunciando uno a uno sus votos. Despues, bajaron y se sentaron alrededor de una fuente y celebraron un frugal banquete con pan y agua. La alegria era tan grande y el fervor tal, que se les pasaron las horas sin sentir alabando a Dios, manifestando los afectos de sus corazones. Al ano siguiente, Ignacio se dirigio por ultima vez a su tierra para restablecer su quebrantada salud. Aun no saben que es lo que Dios quiere ellos. Por de pronto, deciden ir en peregrinacion a Tierra Santa. Los iniguistas de la Sorbona dan a su sociedad el nombre de Compania de Jesus, y su jefe empieza a llamarse Ignacio. Alentado por una vision famosa ocurrida en la Iglesia de la Storta en la que Cristo le dijo "En Roma os sere propicio", Ignacio viaja a Roma con dos de sus companeros, dispuesto a dar el paso decisivo.
Aun sigue en la incertidumbre mas completa, pero su alegria solo puede compararse con la que sentira Francisco Javier al entrar en la capital del Japon. "No se lo que me espera en Roma -decia-, ni si quiere Dios que muramos en cruz o descoyuntados; solo se que Jesucristo nos sera propicio."
PERSECUCIONES Y APROBACION
En Roma, frialdades, indiferencias y persecuciones. En los pulpitos se desautorizaba a aquella compania de "sacerdotes reformados". La causa de Ignacio parecia perdida, cuando vino en su ayuda la influencia de algunos hombres poderosos, ganados por la practica de los Ejercicios. Principes, cardenales y embajadores empezaban a sentirse transformados por la magia de aquel libro prodigioso. El mismo Papa Paulo III se sintio impresionado por la grandeza moral del fundado y en sus conversaciones con el pontifice, empezo a esbozar el plan de una Orden nueva, que abarcase la actividad apostolica en todas sus formas, la ensenanza literaria y teologica en todos sus grados, las obras de caridad en todos los aspectos, las misiones entre fieles e infieles, considerando el mundo entero campo de su accion. Tal era el gran ideal en que habia cuajado definitivamente la ambicion desaforada del hidalgo espanol. El 27 de septiembre de 1540 aparecia la bula por la cual el Papa Paulo III aprobaba la nueva fundacion, y el comienzo de la Compania de Jesus. Una serie de acontecimientos, independientes de la voluntad de Ignacio, le habian llevado a crear una vasta y poderosa organizacion de ensenanza, de predicacion y de direccion espiritual, que sera la barrera mas fuerte de la verdad frente al protestantismo, y colaborara de una manera decisiva en la obra del Concilio de Trento.
Innumerables obras en la Iglesia, y multitud de Santos en los altares, para la Mayor Gloria de Dios, Ad Majorem Dei Gloriam.
EN EL GESU DE ROMA
Los quince anos ultimos de su vida los dedica Ignacio en el Gesu de Roma, a perfilar, acrecentar y completar la gran obra de su vida. Escribe las Constituciones, forma a los novicios en el Colegio Romano, envia sus teologos al Concilio de Trento, esparce sus discipulos por todas las partes del mundo, escribe cartas, legisla, ordena, vigila. Quiere que el alma de su milicia espiritual sea la obediencia, una obediencia consciente, voluntaria y alegre; una obediencia ciega. El religioso debe ser como un cadaver, o como el baston en la mano del anciano. Escribiendo a San Francisco Javier, le ordenaba volver a las Indias: "Os lo ordeno en nombre de Jesucristo. Y a fin de que vos podais exponer los motivos de vuestra partida a aquellos que quieren reteneros, os dire las razones que me han decidido." Su mandato era a la vez firme y suave, razonado y autoritario.
Media el limite de su autoridad, como antes habia medido el limite de su obligacion a obedecer. Durante el proceso de Salamanca, preguntado por los jueces como se atrevia a ensenar, falto de estudios teologicos, contesto:
"O es verdad, o no es verdad lo que enseno. Si no es verdad, condenenme; si es verdad, dejenlo estar." Y cuando le leyeron la sentencia, por la cual le declaraban inocente y ortodoxo, mandandole al mismo tiempo que no se metiese en honduras y distinciones sutiles, declaro que obedeceria en aquello que estaba dentro de la jurisdiccion de los jueces; pero que no era justo, puesto que no se encontraba delito en su conducta ni error en su doctrina, impedirle servir a las almas, privandole del derecho de hablar de las cosas de Dios con libertad. Era natural que el odio se cebase en un hombre que se presentaba como el aguafiestas del Renacimiento, como el censor de la moral facil de los falsos reformadores, como el campeon de la disciplina cuando el mundo se indisciplinaba.
SU RETRATO
La pasion ha hecho de aquel gran hombre un enigma o una paradoja. Ya los pintores empiezan por desconcertarnos: el Ignacio de Valdes Leal parece un San Juan de la Cruz, mistico y poeta, puesto en extasis ante la belleza del Crucificado; el de Sanchez Coello conserva todavia algo de esa mirada suave y lejana, contemplativa, pero insinuando una sonrisa enigmatica. Dice Ribadeneira que tenia una estatura mediana, o mejor, era pequeno y bajo de cuerpo; el rostro autorizado, la frente ancha y sin arrugas, hundidos los ojos, encogidos y arrugados los parpados por las muchas lagrimas que derramaba; las orejas medianas, la nariz alta y el color vivo y templado y con la calva de muy venerable aspecto, el rostro alegremente grave y gravemente alegre. Su serenidad alegraba y con su gravedad componia a los que le miraban. Al trazar el retrato de su alma, se le ha representado como un luchador y un contemplativo, como un fino politico y como un hombre que encauza exclusivamente su vida hacia el orden social; como un corazon vehemente y como un temperamento frio y calculador; como una inteligencia de ideas amplias y vigorosas. No era un sentimental, sino mas bien cerebral. El castellano de sus Ejercicios peca de seco y premioso; el aprendio el castellano en Arevalo, pues su lengua materna era el vascuence.
Toda la vida de Ignacio esta en el lema que senalo a la Compania: "Ad maiorem Dei gloriam". Este pensamiento sublime da unidad a todas sus acciones. Podra sentir vacilaciones en ciertos momentos de su vida; pero hay una cosa que la ordena y armoniza por entero desde que deja el servicio del emperador y recoge y encauza la corriente de sus energias, su ingenio, su fantasia, su memoria, su prudencia y tenacidad, su temple de hierro y su ojo infalible para tomar la medida exacta de las personas y las cosas, que hacen de el, sin dejar de ser un enamorado de Cristo, el tipo perfecto del hombre de accion. Su fuerza superior, alma de su alma, es el deseo de la gloria de Dios, que le llena y le consume. San Ignacio, dice Papini, es el mas catolico de los santos.
DON DE LAGRIMAS
Su don de lagrimas es tan excepcional que pocas veces habra sido igualado en la hagiografia catolica ni por los mayores santos contemplativos de la Iglesia. En los primeros cuarenta dias, dedicados a la eleccion de la pobreza de las casas e iglesias de la Compania llegan hasta 175 las veces que nos habla de sus lagrimas; es decir, que por termino medio venia a derramar lagrimas cuatro veces por dia. Llamaba la atencion ante todo su misma abundancia, como el anota: "Viniendo en mucha grande devocion y muchas lagrimas intensisimas"; "cubriendome tanto de lagrimas": "con grande efusion de lagrimas por el rostro"; "un cubrirme de lagrimas y de amor". Su Diario, es un caso asombroso de llevar la contabilidad de las lagrimas, el dia que no llora mas que tres veces, se siente desconsolado. Temio quedarse ciego de tanto llorar, y no podia sin mucho dolor en los ojos salir al sol y al aire. Es amoroso, no sentimental. Vive la mistica del servicio Y su virtud preferida es la obediencia. En su mesa solo tenia el Nuevo Testamento y el Gersoncito "la perdiz de los libros espirituales", el Kempis. Murio el 31 de julio de 1556 y fue canonizado por Gregorio XV el 1622.