Denis Mukwege, el «Doctor Milagro», Premio Nobel de la Paz

Denis Mukwege (ft img)

Esta vez el Premio Nobel de Paz se lo llevó Denis Mukwege. Un médico congoleño de 63 años quien desde 1998 ha dedicado su labor a ayudar a miles de mujeres que han sido violadas por miembros de las fuerzas rebeldes del Congo. Su interés por ayudar a los más necesitados surgió gracias a las innumerables veces en que acompañó a su padre, un pastor, a visitar a los enfermos.

Denis es llamado el «Doctor Milagro» y su increíble misión ha permitido que estas mujeres tengan una oportunidad de volver a nacer, de seguir adelante con menos heridas físicas y emocionales. Este premio no es el único con el que ha sido galardonado Mukwege, en 2008 fue incluido por la OUNU en el Premio de Derechos Humanos y en 2009 fue nombrado Africano del año.

Ejemplo de entrega y servicio desmedido

Para el ginecólogo Denis Mukwege nada ha sido fácil. Debido a la labor que desempeña ha sido amenazado y agredido por hombres armados, tuvo que volver a reconstruir su hospital en 1999 luego de que lo destruyeran por completo y se vio obligado a huir a Bélgica en 2012 después de que retuvieran a sus hijas como rehenes.

Lo que tal vez Denis jamás imaginó tras abandonar su país, fue que las mujeres de su región recolectaran fondos para pagar su boleto de vuelta. Su admirable misión era reclamada con fuerza por miles de personas para las que el trabajo de este admirable hombre, es indispensable.

Sanando heridas del alma

Denis Mukwege 2El Congo fue calificado en 2010 por un alto funcionario de la ONU como «la capital mundial de la violación». En una entrevista para la BBC, Denis aseguró que «El conflicto en la República Democrática del Congo no es entre grupos de fanáticos religiosos. Tampoco es un conflicto entre Estados. Es un conflicto causado por intereses económicos, y la forma en que se está librando es destruyendo a las mujeres congoleñas».

El doctor Mukwege ha decidido contribuir a una misión que no solo repara las heridas físicas sino también las espirituales. Muchas de las mujeres a las que ha ayudado, hoy no tendrían voz sin el doctor Denis. Cuando la notica del premio llegó a oídos de su equipo médico, la emoción y el gozo asomaron como un bálsamo que nos recuerda a todos que luchar y entregar la vida por otros, vale la pena, vale toda la pena.

En su cuenta de Twitter expresó:
«Este #PremioNobel es un reconocimiento del sufrimiento de las mujeres víctimas de violación y violencia sexual, la necesidad de una justa reparación a su favor y la esperanza de trazar una línea roja contra el uso de la violación en conflictos armados».

Talento al servicio de los demás

El dolor que han experimentado las mujeres violadas y mutiladas del Congo es inimaginable, pero las acciones que ha llevado a cabo este doctor, nos enseñan que desde cualquiera que sea nuestra vocación, estamos llamados a servir.

Mukwege pudo haber puesto sus dones y talentos al servicio de otras personas, sin embargo quiso quedarse allí, sin importar las amenazas y el peligro, para ayudar a un grupo de mujeres que necesitan ser no solo atendidas por un profesional, sino escuchadas por el mundo.

La decisión de cambiar, de transformar el entorno en el que vivimos, de mitigar el dolor y brindar esperanza, es solo nuestra. Que la magnífica tarea de este doctor y su equipo no se acabe nunca, que las obras de bondad y amor nos llenen de alegría y nos motiven a poner al servicio de los demás los dones que nos ha regalado Dios.

¿De qué otro modo podríamos seguir al Señor, si no es comprometiéndonos personalmente en el servicio a los enfermos, a los pobres, a los moribundos y a los necesitados? De la fe en Cristo, nacida tras reconocer nuestra necesidad de Él, que vino a curar nuestras heridas para enriquecernos, para darnos la vida, para alimentarnos, «brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad» (Evangelii gaudium, n. 186). Os agradezco que estéis tan cerca de los enfermos y de todos los que sufren, brindándoles la amorosa presencia de su pastor. (Papa Francisco).

Que la increíble batalla que libran los hombres a causa de la justicia nos anime siempre a perseguir el bien, a luchar por nuestros hermanos, a mostrarnos solidarios y compasivos y a recordar siempre que el enfermo, el agonizante, el triste, el desesperanzado, el que sufre y el que se desgarra por el dolor, merece ser abrazado por el amor de Cristo.

Hoy no solo el corazón del Congo grita de alegría, todos nos regocijamos en el merecido reconocimiento del Doctor Milagro ¡En hora buena Denis!

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Fuente: Catholic-link